Crítica

Érase una vez en Anatolia – Nuri Bilge Ceylan

posted by Alberto Varet Pascual 21 marzo, 2013 0 comments
Autopsia turca

Érase una vez en Anatolia

En una escena de Lejano, uno de sus protagonistas está viendo Stalker en la televisión, concretamente aquella secuencia en la que los tres personajes viajan sobre una pequeña locomotora. Un instante en el que Tarkovsky generó en imágenes una especie de ser tricéfalo compuesto por las mentalidades de un escritor, un matemático y un hombre de fe. La sombra del creador de Andrei Rublev es alargada sobre la obra de Nuri Bilge Ceylan y en esta Érase una vez en Anatolia, esa estampa mítica del film ruso se hace presente en varias partes del metraje pero con más cabezas aún: la de un fiscal, la de un médico, la de un comisario, la de un militar, la de un alcalde… De este modo, el director turco logra levantar un retrato de la sociedad de su nación tan complejo como apasionante, tan denso como extenuante.

No es la única nota tarkovskiana pues este soberbio ejercicio narrativo abandona el relato en ocasiones para abrazar pensamientos y estados de ánimo que se exteriorizan mediante el viento filmado mientras agita los árboles o el uso de unas voces en off que se superponen logrando algunos de los momentos más abstractos, sensoriales e hipnóticos de este trabajo (como esa escena, tan stalkeriana, por cierto, protagonizada por la hija del alcalde).

Sin embargo, Érase una vez en Anatolia es cine turco y no ruso, y como tal está en sintonía con las particularidades que mueven hoy la filmografía del país mediterráneo. Muy especialmente con su característica más notable: la crónica rural que pone en liza los conflictos existentes entre el campo y la ciudad y la desaparición de una forma de vida bucólica. Porque la última película del autor de Tres Monos es, precisamente, una descripción minuciosa en clave de autopsia de un universo plagado de fantasmas, sonidos y susurros conseguido gracias a una extraordinaria fotografía y un grandioso montaje tanto de imagen como de sonido.

Apoyado en unos planos-secuencia muy bien elaborados y con un talento indiscutible para la composición, Ceylan bucea por esos espacios espectrales a través de los cuales se filtra el tiempo como pasa el aire mientras los protagonistas buscan un cadáver que tiene mucho de McGuffin (aunque hacia el final dispare el título hacia nuevas y estimulantes lecturas o apuntale algunas vistas anteriormente como, por ejemplo, las que surgen de la relación entre el doctor y el fiscal que no dejan de crecer hasta llegar a un punto realmente conmovedor).

Así, el director, haciendo uso de una peculiar crónica negra y volteando el thriller al estilo de Aurora, un asesino muy común o, en algún tramo, al de Zodiac, les roba a sus personajes un trozo de su vida. Concreta y significativamente una fría noche y un nublado amanecer en los que se dan cita el humor y lo banal abrazados al dolor incomprendido de una familia mientras se registra toda una serie de actividades sociales y culturales propias de la región (¡qué hermosa la escena del fantasma sirviendo té!).

Porque Ceylan acoge el documental y lo mezcla con la ficción (y viceversa). También lo contemplativo para hacer lo propio con lo narrativo que depara, sin duda, las partes más convencionales, donde la realización es demasiado funcional y el ritmo decae aunque luego, por lo general, se levante con ayuda de los complejos diálogos. No obstante, la duración de la cinta es excesiva y, a pesar de que el director aúpe siempre estas fallas, el espectador llega agotado a las divagaciones últimas. Algo, a su vez, aplicable a los tramos en los que la mirada documental es muy marcada (¡esos paseos por el hospital tras más de dos horas de película!) que son, desde una perspectiva audiovisual, muy valiosos pero que demoran en demasía la narración (y es que, unas cuantas elipsis no hubieran estado de más).

Sin embargo, la longitud del metraje, la morosidad de determinadas secuencias y alguna metáfora extremadamente obvia no deberían disuadir al espectador más exigente pues Érase una vez en Anatolia es una original y potente muestra de cine en forma de cuento, de relato, con sus respectivas mutaciones e interpretaciones, tan denso, profundo y conmovedor como hipnótico.

8,5


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.