Crítica

Francofonia – Alexander Sokurov

posted by Alberto Varet Pascual 5 junio, 2016 0 comments
Dados a luz

Francofonia cartel

¿Cómo enfrentarse a una película distinta a todo? ¿De qué forma comenzar la crítica de un film que destroza las herramientas del crítico de turno? Porque la mayoría de los periodistas aseguran que Francofonia, lo nuevo del irremplazable Alexander Sokurov, es un documental, pero hay que decir que la definición se le queda cortísima a lo que se antoja una feliz combinación de varias disciplinas audiovisuales con capacidad docente.

Así es. El director de Sol se ha situado en esta realización en la línea del Rossellini de los proyectos televisivos, aquel que creía en el medio para la educación del pueblo, de modo que este trabajo tiene más un aire de reportaje cinematográfico que de documental para la pequeña pantalla. Sin embargo, la ductilidad de sus imágenes no sólo formula de manera insólita estas disciplinas, sino que desplaza toda la cinta al lugar donde siempre se ha movido Sokurov: el de un humanismo complejo que busca retratar al hombre a la caza de su alma perdida o la cura de su espíritu herido.

Por eso el arranque nos muestra al autor perdido en sus pensamientos mientras unas imágenes, conseguidas gracias a las tecnologías digitales, le permiten observar en su ordenador el peligroso tránsito de una serie de obras de arte a través del mar. Es éste el territorio de El arca rusa, sí, pero visto en perspectiva mediante una mirada acaso pesimista: en la era digital, el contacto con nuestro pasado (lo que nos hace Hombres) parece destinado a estar secuestrado por una pantalla.

Con todo, este pesimismo no hace sino iluminar aún más el alzamiento posterior (un maravilloso uso de la grúa) del más famoso museo parisino y su historia: ‘¿Quién necesita París sin el Louvre?’, se cuestiona la voz en off. Claro, porque es entre sus paredes donde podemos volver a ver lo que fuimos, o sea, lo que somos. Nuestro espíritu, encarnado aquí en la imaginación de Sokurov, queda presto para un viaje lúdico en el tiempo que juega con gracia y encanto con los elementos a disposición, sin dejar por ello de mostrarlos con enorme respeto.

El resultado es sorprendente. Los trucos formales propios del director distorsionan nuestro punto de vista sobre los cuadros y hallan una profundidad en ellos que nos lanzan hacia el pensamiento de los retratados. Hacia un misterio que, quizás, tenga su respuesta en unos rostros que parecen venir del pasado para cuestionar la Europa actual.  

El responsable de Fausto se muestra preocupado por nuestra situación, y lo transmite con una manera de hablar el lenguaje del cine insólita que, como otras cintas del momento (Knight of Cups, Las mil y una noches), genera un universo filtrado por un dulce sueño que, aquí, tiene el aroma de esa bohemia parisina imprimida a perpetuidad en nuestro inconsciente. Otro llamamiento al despertar que apela a un alma con sed de infinito, el lugar al que se dirigen los gestos de los cuadros que el cineasta admira.

Reportaje cinematográfico revolucionado en su mutación con el ensayo, la fantasía histórica y la memoria, Francofonia conmueve, como siempre en Sokurov, por la manera en la que los juegos en la forma dibujan un alma torturada, pero, igualmente, por el asombro que este trabajo, tan denso como accesible, provoca en su mirada a una ciudad que es, en sí misma, luz. Por eso estar ante sus imágenes es como volver a nacer.

marco 9,5


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