Crítica

Girlhood – Céline Sciamma

posted by Mireia Iniesta 14 abril, 2015 0 comments
El triunfo de la identidad

Girlhood

En Girlhood (Bande de filles) tercera película de Céline Sciamma, la directora francesa vuelve a abordar el tema del género, pero a diferencia de sus dos películas anteriores, Water lilies (2007) y Tomboy (2011) que exploraban el despertar sexual femenino durante la niñez y la adolescencia, en este caso, asistimos al ingreso forzoso de una joven de dieciséis años en el mundo adulto. Marieme vive en una comunidad negra en los suburbios de París. El suyo es un microcosmos regido por costumbres profundamente atávicas y patriarcales. Y si los personajes de las películas anteriores sufrían por su tendencia sexual, el hecho de ser mujer, negra, heterosexual y pobre es la peor condena a la que debe enfrentarse nuestra protagonista. El sexo fuera del matrimonio parece estar prohibido con los miembros de su propia comunidad, bajo la amenaza de deshonrar a la propia familia, como sucederá cuando ella se enamore de uno de los amigos de su despótico hermano.

La primera parte de la cinta pertenece a los personajes femeninos. Marieme pasa a formar parte de una banda de chicas. Las aglomeraciones femeninas de la piscina, los ritos estéticos en los vestuarios de Water lilies, así como las coreografías de la natación sincronizada, se sustituyen en Girlhood por los bailes en el parque, las sesiones de embellecimiento con vestidos robados y las violentas coreografías de las peleas entre mujeres adolescentes. Los hombres, casi ausentes en esta primera parte del filme, se revelan omnipresentes en la segunda. Ellos gobiernan a base  de violencia y abusos el angosto mundo de Marieme. En este difícil escenario la protagonista atraviesa varias fases en su desarrollo personal que van desde la confusión y el miedo inicial hasta la absoluta reafirmación e independencia. Pasamos de la aparición constante de espejos, testigos de la transformación física y psicológica de la protagonista, a un intento de automasculinización por parte de ésta (que se corta el pelo y se enfaja los pechos)  a fin de evitar ser prostituida por el hombre para el que trabaja vendiendo drogas.

Durante todo ese proceso la cámara de Sciamma acompañará a su protagonista con el mismo empeño entomológico con el que ya acompañara a la pequeña Laure de Tomboy, a través de numerosos primeros planos que enclaustran a sus personajes en sus respectivas realidades, diseccionándolos para comprenderlos, acompañándolos en su dolor, amándolos en su soledad.

Girlhood, algo más comercial que las otras películas de Sciamma parece dialogar a ratos con Precious (2009). En ambos casos partimos con premisas de cine independiente sin que el producto final llegue realmente a serlo. Asimismo encontramos ecos del tratamiento que hace Catherine Breillat de sus mujeres adolescentes y los descubrimientos y transformaciones propias de esa edad.

Sea como fuere, a pesar de sus imperfecciones, la película es capaz de dibujar el retrato de un personaje apasionante. Vulnerable, pero decidido. Asustado, pero valiente. Una mujer que emprende una huida hacia adelante desde una microuniverso de valores anacrónicos que no parece ofrecer ninguna salida.

7


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