Crítica

Godzilla – Gareth Edwards

posted by Marc Muñoz 14 mayo, 2014 0 comments
Amenaza inofensiva

Godzilla poster

Imagino que no debió ser fácil convencer a los inversores y directivos sobre la idoneidad de colocar al inglés Gareth Edwards, con solo una película en su bagaje, la notable cinta indie de sci-fi Monsters, delante del reboot de Godzilla. Viendo el resultado, y su previsible éxito en la taquilla, su elección, aunque arriesgada, parece más un acierto que un desacierto para sus intereses. ¿Pero puede mostrarse igual de complaciente la crítica?  ¿Acaso la imprenta de Edwards logra prevalecer en el metraje de esta colosal producción?

Y la respuesta termina siendo negativa para ambas preguntas. O al menos, durante buena parte del metraje. Porque el arranque de Godzilla saborea el Parque Jurásico de Steven Spielberg, e incluso la propia opera prima de Edwards, cuando decide primar el misterio sobre la acción, la construcción progresiva de lo que irremediablemente terminará por estallar. Es cuando nos abocamos a este universo planteado por Edwards, que como el original japonés, arremete contra los males o riesgos de la energía nuclear, de ahí que varias de sus secuencias remitan al desastre de Fukushima, tanto en la central japonesa, como en el tsunami que tiene lugar en Honolulu. De hecho, la premisa parte de que varias de las catástrofes más devastadores del planeta quizás no tengan un origen natural, sino de otra índole. O al menos, esa es la teoría de un científico chiflado y obsesivo, empecinado en demostrar esa vía tras perder a su mujer en una aparatoso accidente en la central nuclear japonesa en la que trabajaban.

Un personaje, interpretado por el televisivo Bryan Cranston, que se erige en falso protagonista de la historia, en una decisión desconcertante, y en vistas del resultado que sigue, desacertada. Porque el filme pierde parte de ese potencial, prácticamente inexplorado, pero palpable, cuando pone el relato en los carriles de la acción, y del espectáculo más ruidoso. Justo cuando conocemos a los monstruos, y la acción se traslada a la costa oeste norteamericana, bajo el punto de vista del hijo del científico, un militar interpretado por el soso e inexpresivo Aaron Taylor-Johnson.  Es entonces cuando se asiste a un carrusel de situaciones experimentadas previamente en la sala de cine, muy manidas en el género del disaster movie.

Y resulta curioso, que un producto hollywoodiense de estas dimensiones no halle más recompensa cuando se intenta construir como un dispositivo de radiaciones épicas. Puede que el referente tan cercano de Pacific Rim, donde el despliegue de medios (imagen, audio y efectos especiales) convergían en perfecta sintonía hacia una experiencia colosal, haya repercutido en la huella de este Godzilla. Tampoco termina de ayudar un planteamiento narrativo que se aleja del aspecto humano a partir de un instante clave que acontece en la central nuclear, incluso desatiende a la masa humana, la población de San Francisco o de la costa oeste, que podría haberse articulado como un personaje más. Nunca se llega a tener la sensación de que la población esté en grave peligro, o al menos, una no llega a empatizar con el supuesto sufrimiento de los personajes identificados como claves en la trama.

Hay varios elementos visibles que repercuten en el planteamiento de la obra como un espectáculo de carácter épico. Uno de ellos, es la asiduidad con que recurre a esos planos que subrayan el diminuto punto de vista de los humanos respecto a los reptiles gigantes, y cuyo efecto es prácticamente nulo. Otro, más incidente, es volcar en la banda sonora de Alexander Desplat el componente épico que las imágenes y el relato son incapaces de construir por sí mismas.

Toda una lástima que la mirada de Edwards sucumba a las exigencias del box office. Estos tibios intentos iniciales de recuperar el estilo que le caracterizó en Monsters, donde el terror y el enemigo se ubicaban  fuera de campo (todo era más sugerente que explícito), y el entorno marcaba a los personajes, pero no los anulaba como en el caso que nos ocupa, así como la parábola social que insinúa, que estaba mucho mejor definida. Trabas narrativas, del planteamiento en el pre rodaje, que se unen a una dirección de actores fallida, cuya muestra más visible es el trabajo desangelado que lleva a cabo un peso pesado como Cranston, y otros personajes, que parecen estar actuando bajo las ordenes de Michael Bay.

Oportunidad perdida de suministrar munición a los que les gusta hablar del blockbuster de autor. De reflotar a Godzilla bajo unas condiciones óptimas, en un marco donde la crítica política y social no se hubieran quedado en la superficie. En definitiva, un sabor agridulce, de un autor que prometía talento de sobra en su debut, y que aquí parece demasiado preocupado en cumplir con su trabajo, crear un entretenimiento hollywoodiense sin grandes alardes, sin complicaciones y sin novedades palpables. Poco riesgo.  De su éxito en taquilla, probablemente dependa, la próxima versión que nos ofrezca.

6


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