Crítica

Gravity – Alfonso Cuarón

posted by Marc Muñoz 2 octubre, 2013 0 comments
Odisea en el espacio

Poster Gravity

No hay nada más aterrador y angustioso para el ser humano que enfrentarse a la inmensidad. No son pocas las producciones que proponen en su premisa la lucha desesperada del hombre contra la naturaleza por la supervivencia, pero el listado se reduce considerablemente cuando esa lucha traspasa la atmósfera terrestre y se ubica en el espacio. Precisamente allí es donde el mejicano Alfonso Cuarón sitúa el proyecto que lo ha mantenido ocupado los últimos siete años.

Y desde su primer plano, Gravity juega con esa idea de enfrentar al hombre con el infinito, de reducir su escala a la mínima expresión en comparación con la tierra, otros planetas o la galaxia. Cuarón se vale de bellas y majestuosas imágenes de la tierra desde el exterior, y del vacío sonoro, solo interrumpido por las conversaciones con la base en  Houston, para subrayar esa vulnerabilidad y desamparo, esa presencia liliputiense del hombre sobre el conjunto del universo, esa sensación de ser gotas en un océano inabarcable.

Un tema que reverbera durante los hipnóticos primeros tramos que el espectador recorre por ese inexplorado ambiente, cuando el guión se centra en presentar a tres astronautas en tareas de mantenimiento de un satélite espacial. Uno de ellos, es la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock), una brillante ingeniera en su primera misión especial. A su lado, el veterano astronauta Matt Kowalsky (George Clooney), quien afronta su última misión antes de jubilarse. Lo que parecía una misión rutinaria se complica ante un giro inesperado de los hechos. Houston alerta, antes de perderse la comunicación, de la posible llegada de una lluvia con los restos de otro satélite pulverizado. Sin tiempo de reacción, la anunciada lluvia destroza el shuttle y los dos astronautas quedan a la deriva. Desde ese momento lucharán con todas sus fuerzas para no dejarse arrastrar por la gravedad hacía la oscuridad infinita e intentar volver a la madre tierra.

Lo que de entrada puede parecer un thriller o filme de acción sci-fi es en realidad una película de terror con vestimenta de sci-fi, y a la vez un drama minimalista, y un espectáculo épico. Y de hecho, en ello, reside una de los principales aciertos planteados por el director de Y tu mamá también. Aquí el enemigo no es ni humano ni alienígena, sino una fuerza superior…la gravedad. El objetivo del personaje de Sandra Bullock, verdadero centro del relato, es llegar con vida a la tierra, y pese a los mil escollos que se encuentra en su camino, el verdadero antagonista que se opone a su objetivo es la gravedad, que la aleja de su casa, perdiéndola en el infinito y lo desconocido. De ahí que los planos más angustiosos y terroríficos de la cinta de Cuarón, coinciden cuando la cámara muestra a los sujetos alejándose de la luz que desprende la tierra y/o los aparatos espaciales enviados desde allí, para ahogarlos en la lejanía más oscura, hasta convertirlos en meros  puntos blancos apenas visibles en la inmensidad del universo. No solo se recrea en el terror que provoca la situación de permanecer abandonado en el espacio, sino también en el miedo de caer en el precipicio de lo desconocido, y en el hecho de que la muerte vaya a tu encuentro en esas latitudes tan alejadas de la vida humana. Una potente y turbadora sensación que sobresale de cada fotograma, especialmente cada vez que el personaje de la doctora se distancia de su objetivo.

Una angustia asfixiante y una tensión taquicárdica que Cuarón maneja con habilidad gracias a los elementos a su disposición, quienes a su vez, permanecen al servicio de una simple premisa: dos astronautas perdidos en el espacio exterior que deben valerse por sí mismos. El mejicano demuestra en su último esfuerzo hasta la fecha una pericia técnica y un porte conceptual asombrosos, creando malestar con los silencios sepulcrales cuando los sujetos quedan aislados y sin comunicación con la tierra, así como esas imágenes ya comentadas es que se potencia la inferioridad e insignificancia de los sujetos respecto al antagonista de la historia. Todo ello condimentado con una fotografía excelente, siempre al servicio de la narración, y unos efectos especiales deslumbrantes.

La mejor demostración del impecable control rítmico y la portentosa puesta en escena tiene lugar en el plano secuencia con el que abre, un fragmento destinado a pasar a los anales de la historia del cine, un vuelco inmediato de lo que parecía un tour espacial documentado (con excelente rigor, que contentará a curiosos) por National Geographic, para terminar desembocando en un atronador infierno en lucha contra lo incontrolable, lo impredecible.

Y no es la única, porque la película no cesa en su empeño de mantener al espectador agarrado a la butaca, desproporcionarlo de oxigeno como a su afligida protagonista, contagiarlo con el sufrimiento de ella  y saquearlo a través de un viaje de supervivencia al límite.

Aunque no todo son flores para la epopeya espacial del realizador de Hijo de los hombres. Si bien el personaje de George Clooney es el contrapunto cómico de la historia, necesario para que el espectador respire en momentos puntuales, y suelte carcajadas de alivio, no deja de ser el suyo un papel secundario, con lo que todo el peso recae en Sandra Bullock, la gran heroína de la historia. Más convincente y capaz que en anteriores trabajos, pero que no deja de parecer la suya una elección de casting mal maniobrada. Como prescindible resulta, ya hacía el tramo final, un  fragmento, entre lo onírico y lo alucinado, que rompe con el ritmo ascendiente de la película, y que a la postre, resulta completamente innecesario y fragmenta el tono llevado hasta ese punto. Todo ese discurso de superación, con el que se intenta justificar la supuesta dimensionalidad de la protagonista, que en realidad ni lo necesita, puede sonar ridículo, y hasta abusivo en ciertas partes, como el sello hollywoodiense necesario, pero al menos no distrae la atención sobre las grandezas de la película.

De hecho se ha llegado a comparar a Gravity con 2001: una odisea en el espacio, y con ella, comparte el componente de presenciar una experiencia alucinante, sin embargo, a nivel temático, el referente actual, queda lejos de la obra maestra de Kubrick. Pese a esos tímidos intentos iniciales, Cuarón no liga su vehículo a asuntos trascendentales que, ese propicio y enigmático hábitat, invite a reflexionar:  los grandes temas que arrastrará consigo la humanidad hasta su fin, sino que prefiere la opción sensorial y emocional. Alterar las percepciones y sentimientos de los espectadores con un tour de force asombroso. Y el resultado es este épico viaje de efectos de sonido atronadores, imágenes fascinantes, ritmo incesante, y tensión desbordada. Cuarón ha cuajado un viaje sensorial irrepetible, una experiencia audiovisual majestuosa, espectacular y única. Hay que subirse a su nave.

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