Crítica

Irrational Man – Woody Allen

posted by Marc Muñoz 3 agosto, 2015 0 comments
Crimen y castigo

Irrational man

La obra de Woody Allen, como la de otros grandes artistas del séptimo arte, tiende hacia las mismas filias, preocupaciones y menesteres. Unas que tanto pueden estar conectadas directamente con los orígenes de su carrera como lo pueden estar con la última aproximación. Característica innata a ese esquema circular en el que suelen quedar atrapados la mayoría de cineastas y que define su mirada artística.  Ocurre con su última propuesta. Un Irrational man que reemprende el camino temático explorado en su último esfuerzo redondo, Match Point, mientras que por tono puede remitir a ratos a la también lustrosa Blue Valentine, sin olvidar esa preocupación existencial que cubre el grueso de su cine.

Aquí el azar vuelve a interponerse como una pieza clave en la historia – se sustituye la bola de tenis por una linterna -, y se construye como el elemento transmisor desde el que Allen puede volver a lanzar su mensaje del sinsentido y lo insignificante que resulta la existencia humana. Y lo lleva a cabo con la complicidad de un reputado y admirado profesor de filosofía de la costa este (alter ego del genio neoyorquino interpretado por Joaquin Phoenix) que se traslada a una universidad de New England para dar clases. Recibido con todos los honores, pronto se descubre que anda inmerso en una apatía devastadora, una desilusión por la vida que combate a lingotazo limpio de su inseparable petaca. Sin embargo, en ese ambiente, empieza a entablar relación con una alumna (Emma Stone) admiradora de su trabajo como escritor y filósofo. Una amistad con sarpullidos de amor y deseo que no juega un papel redentor sobre el protagonista, sino, que es solo ese puente hacia una conversación casual de unos extraños, enganchada en un dinner, la que llevará al personaje del profesor a dar con ese clic que le permita volver a disfrutar de las cosas de la vida. Un clic que pasa por una descarga de adrenalina monumental de terribles consecuencias éticas, e incluso punibles con cárcel o sentencias más severas.

Otra vez más, la conexión con Match Point aflora en la historia, pero a diferencia de aquella, Irrational Man no reparte su relato en las causas morales, en el sentimiento de culpa que puede devorar a una persona corriente llegado a ese estadio que provoca una acción irreversible y extrema. De hecho, la película de Allen no trata de profundizar en nada, y con ello se resienten unos personajes que se mueven por un escenario bastante inerte como meras piezas de la función, por mucho empeño volcado por sus intérpretes.

Lo último del de Bananas se edifica como un filme al que se le puede reconocer varios de los mecanismos que han definido la trayectoria del neoyorquino, pero que decepcionará al que pretenda encontrar los subrayados cómicos habituales. Porque Irrational Man sorprende por la ausencia de estos, y por entregar una historia más pesimista de lo habitual en su carrera.

Allen vuelve a desatender la dirección de actores,  extrañamente tampoco le pone demasiado empeño en el dbujos de éstos, algo que se contagia en una trama que funciona mejor por los diálogos que captura que por el cúmulo de acciones que desencadena, especialmente en un tramo final, en que todo parece desarrollarse de forma atropellada y un poco absurda, y al que el espectador llega indiferente, devaluado por una historia que pierde fuelle y que no consigue darle un encaje natural a sus sucesos más relevantes.

Es como si Allen supiera muy bien qué quebraderos existenciales le rondan por la cabeza, pero no hubiera dado con la tecla adecuada para trasladarlo en un relato. Irrational Man no es una película fallida, tampoco permanecerá entre las más destacadas de su última etapa, quedará simplemente como su aportación anual del 2015.

6


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