Crítica

Jack el caza gigantes – Bryan Singer

posted by Alberto Varet Pascual 15 marzo, 2013 0 comments
Entre la adolescencia solemne y la cándida infancia

Jack el caza gigantes

A Hollywood le debe estar saliendo bien eso de adaptar cuentos a la gran pantalla y vigorizarlos para atrapar a un público quinceañero porque aquí recibimos otra muestra más de la citada práctica. Afortunadamente, Jack el caza gigantes logra un interesante equilibrio entre lo tenebroso y cruento de la adolescencia y la candidez e inocencia infantil que no debería despreciarse.

La historia es por todos bien conocida: un niño (Jack) que vive con su madre en la pobreza va a la ciudad para conseguir algo de dinero a cambio de una vaca pero el pequeño sólo obtiene por ella unas habichuelas con apariencia convencional. Su progenitora, triste por el trueque, arroja las alubias por la ventana y éstas, al mezclarse con la lluvia, originan una enorme enredadera que lleva al cielo donde habita un ogro con un gran botín.

Como los buenos cuentos, esta narración anónima irlandesa era una hermosa apología de la sencillez (una temática muy presente en el actual cine americano) que ahora la industria convierte en un film que comienza como termina, con el acto de contar, de fabular en familia, liberando la imaginación de los más críos. A partir de ahí, la cinta avanza en el tiempo varios años y nos enseña a un Jack talludito que cambia su animal de compañía (aquí un caballo) y recibe las judías en un contexto mucho más oscuro. Un tono lúgubre que continúa en el tramo intermedio del metraje donde el ogro original ha sido sustituido por un enorme grupo de malvados gigantes.

Más allá de las cristalinas transformaciones en el guión también llama poderosamente la atención un reparto en el que sólo Ewan McGregor, en un personaje muy agradecido, es una cara conocida. El resto parecen sucedáneos de Al Pacino (el rey), Miranda Kerr (la princesa) y Kevin Bacon (Jack), lo que deja patente que las productoras no han apostado en demasía por una producción que, sin embargo, no desmerece pues consigue su objetivo principal, el de entretener, además de ser notable en algunas cosas como, por ejemplo, la forma en la que se integran los efectos especiales y la imaginación en el diseño de los monstruos.

También resulta apreciable la capacidad para evocar el texto primitivo con visible conocimiento de causa y la maña que se da Bryan Singer en las escenas de acción que, sin ser nada del otro mundo, funcionan perfectamente.

Sí, muchos le echarán en cara a Jack el caza gigantes una notable falta de originalidad en sus puntos de giro, personajes y situaciones pero hay que tener en cuenta que nunca deja de ser un film para niños (aunque haya pasajes aterradores para los más pequeños) y que está orgulloso de serlo (sin duda, lo más importante).

Y es que, si pensamos en la cantidad de sandeces para adolescentes cargadas de seriedad y ridícula solemnidad que llega cada mes a nuestra cartelera, la nueva propuesta del director de Valkiria es como un caramelo de menta en la boca.

Porque hemos llegado a un punto en el que un plebeyo sin nada que perder, una reina rebelde, un rey pusilánime, un acompañante simpático, unos malos tontos y unos terribles gigantes nos llenan más que toda la retahíla crepuscular y sus descendientes. La saturación dark-teen y sus historias de miedo es tal que una de aventuras a la vieja usanza y siempre previsible colma nuestra satisfacción con el simple gesto de devolvernos esas sensaciones que hoy, desafortunadamente, están devaluadas: las de la infancia, su inocencia y su capacidad de asombro.

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