Crítica

La balada de Buster Scruggs – Joel y Ethan Coen

posted by Marc Muñoz 15 noviembre, 2018 0 comments
Balada tenue

La balada de Buster Scruggs

La carrera de los hermanos Coen corre el riesgo de quedarse en agua estancada. La imposibilidad de reformular su cine  (o de darle una continuidad digna) quedó patente en su anterior propuesta, ¡Ave, César”, una obra marcada por los bordes paródicos y la brocha gorda con la que se dibujaban sus personajes. Un estilo que vuelve a manifestarse en su última incursión cinematográfica; esta La balada de Buster Scruggs, cuyo planteamiento original pasaba por una mini serie de seis capítulos y que ha terminado reorganizada como película antológica dividida en esos seis relatos, cada uno de ellos, ambientado en el Oeste.

Quizá el mayor signo de alarma sobre el estado de forma de los dos hermanos cineastas más respetados de los Estados Unidos lo provoque el hecho de que la bajada de interés se produzca en un terreno que les había resultado tan fértil en las muy satisfactorias  Valor de ley y el neo-western No es país para viejos, las dos ejecutadas durante este milenio.

Sin embargo, la sombra del agotamiento neuronal en el contenido y la forma asoma pronto en la propuesta producida para Netflix. Partiendo de la premisa de que cualquier obra antológica resulta irregular, La balada de Buster Scruggs empieza solvente, con uno de los mejores relatos, el que da nombre a la película y que interpreta un histriónico Tim Blake Nelson. Ese estilo (auto)paródico, de perfiles excesivos, ya presente en algunas de sus propuestas, rima sin embargo con la historia del pistolero más letal del oeste que, en su ajetreada atención entre el plano diegético y el extradiegético (rompiendo la cuarta pared), pierde su noble título. El humor y el estilo cartoon (como si se tratara de una adaptación cinematográfica de Lucky Luke) entran en liza y refuerzan la primera entrada del filme. Algo que secunda un segundo capítulo, el que protagoniza James Franco y que sigue bajo la misma buena lid. Una historia sencilla, adobada con destellos de humor hilarantes y una propuesta formal llamativa y contundente. Sin embargo, los signos de preocupación empiezan a surgir con la tercera narración. Los hermanos Coen cambian de tono y género para narrar la crisis de un feriante cuya atracción principal, un narrador de historias manco y amputado bilateral, empieza a perder audiencia. Liam Neeson protagoniza este cuento entristecido más próximo al drama existencial que al western hiperbólico y cómico de las dos primeras entregas. También cosecha algún bostezo con la historia del buscador de oro interpretado por Tom Waits. Y no es hasta la quinta, con un relato de fotografía fordiana y humor negro coeniano insertado en los bajos de esa caravana (nada que ver con la temida por Trump), cuando cumplen con las normativas de calidad que se supone al dúo. Un relato algo alargado, pero el de mayor solidez narrativa y mayor rédito emocional que además se cierra con un hermoso plano. Una pequeña remontada desmontada por esa última historia que parece plantearse bajo el influjo de Aghata Christie pero sin su aliento misterioso y con un final insatisfactorio e inconcluso.

La balada de Buster Scruggs sufre la falta de ideas y de ingeniera narrativa en varios de sus tramos, También acusa que la huella de los Coen sobre su material, incluso la más excesiva, e incluso, irritante, se diluya en un material que termina conduciendo al tedio pese a la superioridad rítmica que supone el salto hacia historias nuevas con el escenario del lejano oeste como único nexo en común (quizá el cruzamiento de algunos personajes entre los seis relatos hubieran ampliado su interés). Un de más a menos en toda regla que pone en aprietos la categoría de sus autores, quienes encadenan dos trabajos fallidos, y que, además, no servirá para mejorar, a partir de mañana, el regular catálogo cinematográfico del gigante tecnológico.

5,5


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