Crítica

La bruja – Robert Eggers

posted by Alberto Varet Pascual 11 mayo, 2016 0 comments
Un mundo regido por el mal

La bruja

Menudo debut el de Robert Eggers. El norteamericano, galardonado con el premio al mejor director en el pasado Festival de Sundance, entrega un film extraordinario que esquiva cualquier estridencia propia del cine de terror al armonizar con naturalidad y mucha inteligencia sus elementos. El resultado es tan consistente como enfermizo, tan impresionante en su tensión historia-ficción como sobrecogedor en la atmósfera malsana de su escala de grises.

Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de las muestras del género, aquí los recursos significan, no hay vacío ni efectismo, sino la conformación de una potentísima experiencia cinematográfica capaz de articular una mirada actual e inquietante sobre nuestro mundo. Las cabras, los rezos, las brujas, el bosque, las posesiones, los símbolos, el ambiente religioso opresor, la música y los efectos sonoros viajan en la misma dirección para hacer germinar un universo extraordinariamente rico y sorprendente.

Eggers domina el tempo a su antojo, lo cual no deja de ser asombroso en una ópera prima. Carga y descarga la tensión sin hacer trampas, de una manera absolutamente orgánica. El fluir de los acontecimientos se da la mano con la idea de que algo mayor (y muy espantoso) palpita en silencio durante el metraje. Un mal que acompaña a los intérpretes (magníficos todos) allá donde vayan y que, como en tantos otros trabajos recientes (El desconocido del lago, Història de la meva mort), coloniza poco a poco almas y espacios. La fotografía pálida da cuerpo a este horror, y lo hace sin caer jamás en esa moda del momento que parece obligar a las producciones contemporáneas a tener un look bajonero para ser buenas. Aquí, no; aquí los grises respiran verdad.

Lo único, diremos, artificial en la película es la aparente necesidad de que haya un relato, de que exista una historia que provoque sucesos. No era necesario, porque unos tipos que no van a ningún lado no necesitan excusa alguna que los mueva. Por eso da la paradójica sensación de que film se estanca cuando la narración avanza y marcha cuando ésta está detenida.Y, por eso igualmente, uno lamenta que un cineasta en pleno dominio del material a esculpir se rebaje a presentar cosas tan académicas como el desarrollo de la psicología de los protagonistas en pasajes de transición que no aportan nada. La realización es mucho mejor cuanto más alejada de explicaciones está. Sin asideros narrativos, el abismo que se abre entre el espectador y la pantalla es tremendo. Un agujero por el que se hunden (¿casualidad la levitación final?) unos personajes perdidos, resquebrajados y entregados a sus más insondables miedos y supersticiones.

Son, precisamente, estas paranoias (localizadas en un bosque de Nueva Inglaterra, pero evocadoras de cualquier espacio contemporáneo destrozado por un mal latente deshumanizante) las que funcionan como espejo de nuestros propios temores. Porque lo que tenemos delante no es un mero entretenimiento, sino una formulación visceral e inteligentísima de nuestro ajado mundo a través del exilio de unos excomulgados que buscan un lugar para vivir tras haber sido expulsados de una sectaria sociedad. Una familia que da a parar a un territorio supuestamente libre donde el mismo mal que les rechazó en la ciudad late bajo otras formas igualmente terroríficas capaces de corromper su núcleo (¿se puede ser más actual?).

Como toda gran cinta de género que se precie, La bruja sabe modular un discurso complejo bajo el signo del entretenimiento. Un entretenimiento, eso sí, alejado de los tics narrativos para acercarse más a la contemplación, pues es en los tiempos muertos donde desarrolla todo su potencial alucinatorio. Una lástima que el director no se atreva a ir hasta el final en este sentido y ceda a según y qué fórmulas convencionales. Pero vamos, peccata minuta dentro de esta ópera prima, una de las más fascinantes vistas en los últimos años.

8,5


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