Crítica

La estafa (Bad Education) – Cory Finley

posted by Marc Muñoz 11 junio, 2020 0 comments
Superintendente Tassone

El segundo esfuerzo como director de Cory Finley se distingue por este tipo de molde mordaz con el que la Academia de Hollywood suele corresponder con nominaciones, especialmente en las categorías de interpretación. En este año de excepcionalidad en suspense, podría pasar que esta película concebida para la HBO como un telefilm terminase saltando a las candidatas a los Oscars, siempre y cuando estos se celebren en algún punto de 2021, que está por ver.

Pero si eso terminara ocurriendo, nadie se llevaría las manos a la cabeza – quizá solo los puristas de las reglamentaciones. Porque La estafa (Bad Educaction) presenta atributos para no bajar la mirada ante cualquier película de estreno en los cines, como corresponde a los estándares de los que presume la producción HBO. Una calidad que también afecta a su aparato narrativo. Basada en la historia real del mayor fraude del sistema educativo estadounidense, la cinta sigue los avatares de Frank Tassone, el director de estudios de un prestigioso centro de secundaria de Long Island a quien se le viene un escándalo encima cuando su mano derecha es acusada de malversación, y, mientras una aguda estudiante empieza a investigar el rastro de hedor que sale de las cuentas del centro escolar.

Finley utiliza esta historia y sus aledaños dramáticos para incidir en el retrato de este personaje de aura fascinante que resume las aspiraciones y los ideales del sueño americano. Interpretado por un gran Hugh Jackman, el personaje va descubriendo pliegues siniestros y mezquinos – desconfigurando así su fachada perfeccionista y bonachona del primer tramo – a medida que la mierda se le amontona en el despacho y decide agarrase a su posición acomodada antes que afrontar el delito y su falta de moralidad. Es entonces cuando más evidente se hace la crítica mordaz de la película al engranaje de privilegios, escalas y puntuaciones del sistema educativo como parte intrínseca del afán de éxito y competición que prima en la sociedad norteamericana. Y si el éxito es un clavo ardiente al que se aferran sus desesperados personajes, incluso en sus momentos más críticos, cuando todo parece que se vaya a desmoronar en cualquier momento, también hay espacio para el escozor y la amargura que resuena en su falta de moralidad y en la recepción de sus actos delictivos entre la comunidad y parte de los compañeros y familiares.

Igual de sugerente resulta el acercamiento formal propuesto por Finley. La película podría haber optado por una sátira excesiva e hiperbólica, de trazo grueso, sin embargo mantiene en todo momento la compostura y un pulso inalterable tanto en la evolución de los personajes, como en los giros de la historia, sin descuidar ese termo de acidez controlado que va volcando en dosis medidas.

En ese sentido, su estilo es algo más sosegado y sutil que Adam McKay a la hora de destripar este microcosmo de seres carcomidos por la avaricia,  ¿o deberíamos decir víctimas del sistema en el que viven?. Sea como sea, La estafa se presenta como una estimable comedia dramática con su punto mordaz, su solidez expositiva y enriquecida por su impecable reparto: Ray Romano, Kathrine Narducci, Allison Janney, Alex Wolff y el mencionado Hugh Jackman.


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