Crítica

La gracia de Lucía – Gianni Zanasi

posted by Sebastián Blanco Portals 2 enero, 2019 0 comments
La Virgen tiene una gran número de followers

La gracia de Lucía

En los últimos años, el cine italiano se ha mantenido en una posición discreta a nivel internacional. Con la reciente muerte de Bernardo Bertolucci, considerado por muchos su último gran maestro, solo pequeñas grandes excepciones como Paolo Sorrentino o Alice Rohrwacher consiguen expandirse más allá de sus fronteras. No obstante, de vez en cuando llega a nuestras carteleras alguna que otra obra que logra engañar a una industria ferozmente colonizadora y colarse en nuestras salas. Es el caso La gracia de Lucía.

Lucía es una topógrafa que trabaja en la construcción de un edificio mastodóntico en un campo italiano. Analizando el mapa del terreno se da de cara con una realidad incómoda: el proyecto está corrupto, la zona no es edificable y los mapas están falseados para poder seguir adelante con la construcción. Si quiere mantener su trabajo debe quedarse callada, pero sus principios morales la atormentan. Es entonces cuando, durante una de sus mediciones, una mujer extranjera que dice ser la madre de Dios aparece a su lado para convencerla de que debe paralizar la obra.

El argumento no es excesivamente original, pero sí lo es la forma en que el guión dibuja a sus personajes. Lejos de presentarnos a la Virgen como una personalidad mística y la iluminación divina como una experiencia de conversión extática, Zanasi define a una Madonna obstinada, poco comunicativa e incluso agresiva (la pelea física en la que se enzarza con la protagonista supone uno de los momentos más cómicos de la película), y a una Lucía atemorizada, que cree estar loca y que huye de su propia casa para no tener que encontrarse con la Virgen. La fuerza de la película radica precisamente en la picardía y la malicia con la que nos hace reír a los espectadores. El guión sobrepasa los límites de la comedia ligera para tratar, a veces de forma tangencial y otras directamente, temas muy serios como la corrupción, el fanatismo religioso o el acoso escolar.

La protagonista está interpretada por Alba Rohrwacher, uno de los puntos fuertes y al mismo tiempo débiles de la película. Por un lado, es un punto fuerte porque la actriz, que carga casi por completo con todo el peso del film, está fantástica. Por otro lado, es un punto débil por motivos totalmente ajenos a la película en sí misma: este año ya hemos visto otra cinta italiana con ecos de realismo mágico protagonizada por Alba Rohrwacher, nada más y nada menos que Lazzaro Felice. Y es que con el film milagroso de Alice Rohrwacher, de los mejores estrenos de 2018 (si no el mejor), resulta casi imposible competir.

Además, es posible que el espectador se quede con la sensación de que la película podría haber sido algo más. La fuerza del guión y de las interpretaciones se pierde por momentos en un envoltorio formal que no sobrepasa lo correcto. No está mal, pero tampoco es genial. El director se rige por unos códigos estandarizados del cine de comedia que no dejan lugar a una experimentación que la trama pedía a gritos: la cámara flota y se desplaza, pero no parece hacerlo con ningún propósito; la fotografía es correcta, la imagen está cuidada, pero no cumple ninguna función emocional. Quizás por eso haya logrado hacerse un hueco en una cartelera inmisericorde, porque sus características externas son las mismas que podríamos ver en cualquier comedia ligera de Hollywood. A pesar de esto, es un film muy entretenido, con varios momentos en los que resulta difícil contener la risa, ideal para quien disfrute del humor crítico pero que no quiera comerse demasiado la cabeza.


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