Crítica

La llegada – Denis Villeneuve

posted by Marc Muñoz 17 noviembre, 2016 1 Comment
Odisea lingüística

La llegada poster

La llegada aterriza este viernes a las salas comerciales bajo el peso de unas expectativas sobrepasadas que sin duda jugarán a la contra de las impresiones finales, especialmente entre el público mayoritario que se acerque con la idea de ver una película de contacto con alienígenas al uso y encaje de la ciencia-ficción hollywoodiense.

La criatura del canadiense Denis Villeneuve se desvincula pronto de la marca genérica para abrazar otras corrientes que se filtran en su esqueleto narrativo con mayor y menor fortuna. Trazos de melodrama y de drama psicológico se apegan a la estructura de ciencia-ficción atípica. Porque aquí, y como primer acierto, la invasión alienígena no es una amenaza, más que por el efecto que causa la presencia de las naves entre los nerviosos humanos. Una inquietud dañina que reafirma el mensaje central de la película, de aplicación urgente estos días: la supervivencia de la especie humana solo será factible a través del valor del lenguaje.

Una idea que sobrevuela todo el metraje y que acapara el flujo narrativo de éste, capitalizado por el personaje de Amy Adams, una experta lingüística encargada de supervisar la comunicación con unos alienígenas heptápodos que no entienden ninguna lengua humana – rompiendo otro esquema clásico de la sci-fi alienígena. Bajo esa premisa radica el radical planteamiento de un filme que con su puesta en escena se emparenta con las películas de alienígenas, pero que bajo sus capas de desmarca como un relato de tensión sosegada y puntual, y de calado filosófico y existencial.

Ese desarrollo rara avis Villeneuve lo gestiona desde un plano marco existencial – todos los esfuerzos por lograr entender a esa nueva civilización, su aterrizaje en el planeta e intenciones sobre la humanidad- y en paralelo en un plano personal a través del personaje de Amy Adams, que lucha contra el miedo al contacto con una especie desconocida y la pérdida de un ser querido.

Sin embargo no todo son luces en la propuesta de Villeneuve, quien sí resuelve con acierto el plano visual con una puesta en escena impactante, pero sin fuegos de artificios, fascinante y magnética – con gran apoyo del trabajo de nuevo de Jóhann Jóhannsson en el score -, y con varias secuencias para el recuerdo en medio de ese esfuerzo titánico por salvar a la humanidad, que representan los dos personajes principales, cada uno, con sus distintas creencias y prioridades. Ella las lingüísticas/emotivas y él (Jeremy Renner) las racionales, como hombre de ciencia. Y aún completa el equilibrio de fuerzas ideológico, la presencia militar, con la cara más afable y empática representada en la del coronel que interpreta Forest Whitaker. No obstante, los desajustes llegan con un guion cuya resolución resulta, como mínimo, naif. Cuesta horrores creerse que la verdadera intención de los alienígenas sea la de tejer lazos pacíficos y de entendimiento entre los humanos, cuando el efecto de su llegada, es precisamente, de signo opuesto, provocando ese miedo que conduce a la violencia y a una inestabilidad peligrosa.

Aunque más disonante resulta la insistencia con el que el guion alardea de un último giro alrededor del futuro de la pareja protagonista que poca relevancia e impresión deja en el espectador. Ese giro de los acontecimientos, por su parte previsible desde las primeras insinuaciones, se subraya de manera reiterada. También resulta demasiado evidente y transparente ese pequeño acto terrorista en la nave que ejecutan unos militares que se dejan arrastrar por la opinión pública reinante, incluso, desobedeciendo órdenes de sus superiores.

Tampoco termina por cuajar esa herencia malickiana extraída de El árbol de la vida con la que el director de Enemy intenta envolver su película en el arranque y el tramo final para darle ese aire ampuloso a su obra. Ahí hay un intento poco honesto de esculpir en las imágenes el intimismo épico que borda el cineasta texano.

Son pequeños flecos sin pulir en su sistema narrativo que deslucen ligeramente una propuesta arriesgada, original, y rompedora hasta cierto punto, donde la acción y la tensión quedan soterradas por la dialéctica entre pervivencia y extinción de la raza humana  mediante el poder del lenguaje, el único sistema que permite el entendimiento entre culturas, pueblos y especies diferentes.

6,5


1 Comment

Alberto Varet Pascual 20 noviembre, 2016 at 22:48

Estoy de acuerdo en que hay cosas que funcionan peor que otras. Destacaría la herencia malickiana (aunque me funcionó mucho mejor en el segundo visionado que en el primero) y el segundo punto de giro. Pero me parece peccata minuta en una obra verdaderamente recia, donde la falta de densidad propia de Villeneuve da paso a una ligereza en las imágenes profundamente misteriosa. A mí es la única película del canadiense que me ha gustado de verdad. Y me ha gustado muchísimo. Jamás imaginé algo así de un gran realizador con problemas en la puesta en escena, en la herencia de referentes y en el uso efectista del sonido. Esta vez sus capas son múltiples y llegan sin aparente esfuerzo, sus referentes están bien o muy asimilados (de Roger Corman a Tarkovsky, pasando por Kubrick o Malick) y regalan instantes de una originalidad difícilmente discutible y el sonido envuelve y manda las imágenes a otra dimensión en lugar de dirigir la mirada del espectador. Creo que es una película histórica a la que el tiempo le concederá su lugar de culto. Aunque pude igualmente que esté equivocado.

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