Crítica

Las distancias – Elena Trapé

posted by Marc Muñoz 6 septiembre, 2018 0 comments
Reencuentros insalvables

Las distancias

Tras llamar la atención con Blog, su ópera prima, Elena Trapé regresa con un segundo esfuerzo que la afianza entre las voces más expresivas y sugestivas de nuestra geografía cinematográfica. Con Las distancias no solo confirma las buenas sensaciones despertadas en su debut, sino que se gana el aplauso de la crítica y del circuito festivalero (Ganadora de la Biznaga de oro en Málaga y premio a la mejor dirección y actriz). Desde mañana, el público dará su propio veredicto.

El nuevo largometraje de la cineasta catalana ahonda en los conflictos emocionales que estallan con la llegada a Berlín de un grupo de amigos de la universidad que deciden visitar a uno de ellos para prepararle una fiesta sorpresa con motivo de su 35º aniversario. Lo que debería desarrollarse como un fin de semana de fraternidad y diversión termina resquebrajado por las emociones a flor de piel y el anhelo de esa complicidad de antaño que, el tiempo y las distancias geográficas y emocionales, han mermado.

A través de esta trama de situación agravada por las acciones y gestos de unas figuras humanas que comparten cierto desencanto vital, la cinta de Trapé se esfuerza en constituirse como un fresco generacional de unos millennials en el tránsito hacia una madurez esquiva debido a las circunstancias desfavorables que una crisis omnipresente ha puesto alrededor de sus cuellos. Encajada en el subgénero de reencuentros entre amigos (un tipo de cine que Trapé nos confesó tener en alta estima en la entrevista que le realizamos, especialmente el Reencuentro de Lawrence Kasdan), el filme recoge con cierta naturalidad, elocuencia y tino las circunstancias cambiantes que provocan el desbarajuste en ese encuentro de signo fallido.

La ex-alumna del ESCAC incide en los gestos, las miradas, las ausencias, las acciones para reforzar ese subtexto que da pleno sentido a las zonas vacías o poco explícitas del texto principal. Se reivindica así como una directora elegante y sútil, esquivando siempre el innecesario subrayado.

Si bien, también es verdad que el guion se orienta en exceso a la pauta más clásica, pero Trapé logra sacar punta a sus personajes bajo un meticuloso trabajo de aproximación y familiaridad. La descripción de los personajes y sus acciones resultan creíbles, y pese a que, por momentos, se busque evidenciar esa verosimilitud, acercándose así al efecto contrario, cualquier joven español, y especialmente, los residentes en Berlín, podrán ver reflejadas algunas de sus dinámicas o pulsiones sentimentales en la galería de personajes desorientados, desafectados y alicaídos que pueblan los fotogramas de la obra.

El nivel de búsqueda de esa verosimilitud llega a puntos tan interesantes como simples conversaciones en fuera de plano, breves apariciones y encuentros de los personajes dentro de las dinámicas de la ciudad alemana, y otros trazos que denotan esa preocupación de la directora por cuidar los detalles, a priori, insignificantes, y sellar toda su verosimilitud desde la sutileza y el encarecido aprecio hacia sus personajes, consiguiendo así escenas ejemplares como la de las dos ex novias que se encuentran en el apartamento del ausente, o la del propio Comas dando esquinazo a su amigo, quien queda perplejo por lo sucedido. En el otro lado de la balanza, quizá guiada por el carrusel de imágenes cinematográficas icónicas revoloteando por su cabeza, Trapé dibuja secuencias, estéticamente logradas, pero insatisfactorias desde la prespectiva de los personajes (como es esa carrera de Eloi por las calles de la urbe), u otros instantes en que el detonante que precipita el estallido que dará pie a las rencillas y reproches entre colegas resulta algo forzado, sin el caldo de cultivo necesario para apuntalar la naturalidad del acto. También desde el plano de la dirección, la catalana se muestra hábil reforzando los pivotes temáticos y las sensaciones con una dirección áspera, una luz tenue y gris, colores apagados en consonancia a los funciones vitales y las insatisfacciones de cinco personajes atrapados en una situación indeseada.

Las distancias presenta muchas virtudes desde el plano temático y controla con elegancia los pulsos emocionales de unos personajes que respiran autenticidad en la mayor parte del metraje. Otra incursión satisfactoria a ese desbarajuste entre las nuevas realidades y los anhelos pretéritos de un grupos de personajes aferrados, por voluntad u obligación, a la precariedad, tanto la monetaria, como la emocional.

7

 


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