Crítica

Las hijas de Abril – Michel Franco

posted by Marc Muñoz 19 octubre, 2017 0 comments
El distanciamiento como provocación

Las hijas de Abril

Michel Franco se ha ganado a pulso ser uno de los autores más irredentos y ariscos del nuevo cine mexicano. Emparentado con Amat Escalante en su distanciamiento sobre los personajes y la incomodidad que agita desde sus tramas y puestas en escena, Franco encarna ese cine autoral mexicano sin demasiada hambre para cruzar la frontera del norte, en las antípodas de la brújula de otros ilustres cineastas mexicanos como Guillermo del Toro, Alejandro G. Iñárritu o Alfonso Cuarón.

Por el contrario el director de Después de Lucía se siente cómodo y se autoestimula desde las historias mínimas volcadas sobre personajes de latir turbio, normalmente empujadas por algún que otro tirabuzón narrativo excesivo, y bajo estallidos de bilis soterrados que parecen invocar al Haneke de los mejores tiempos. En el último intento, Las hijas de Abril, vuelve a reproducir varias de sus señas para relatar el choque familiar de una madre ausente y las dos hijas de esta, una de ellas, una adolescente embarazada por su novio. A partir de este endeble punto de partida de enfoque melodramático, Franco se sumerge en el psicodrama familiar mediante un cortocircuito dramático provocado por un retorcido giro, tan inesperado como cuestionable, como repudiable, pero a la postre, comprensible y hasta bienvenido con el desarrollo posterior.

Y si la película termina convenciendo pese a lo abusivo y desmedido del rizo argumental y sus inmediatas consecuencias es gracias al quirúrgico pero inteligente estilo volcado por Franco y por las excelentes interpretaciones del cuadro protagonista, especialmente la de una Emma Suárez en el papel principal. Con abundancia de planos fijos, mínimo movimiento de cámara, y logrados encuadres y aciertos desde la realización que agudizan las sensaciones internas y el componente psicológico que agrava la situación de los personajes hasta convertir la obra en un melodrama angustiante, donde la exacerbación, la incomprensión y el repudio traspasan la pantalla. Aunque todo ello, la implicación moral del espectador respecto a lo que cuenta el relato, sucede sin estridencias, desde una calmada distancia que imprime Franco en la realización, solo alterada hacia el tramo final, cuando llega el punto álgido del conflicto, y decide potenciar la incerteza, la animadversión y la rabia con largos planos de seguimiento guiados por una tensión dilatada o encuadres cerrados que limitan el destino inmediato de los personajes.

Las hijas de Abril se edifica como una obra sugerente y tremendamente provocativa, tanto por la descabellada situación planteada, más propia de los juguetes rotos de Larry Clark, como por el cómo lo cuenta. Un relato que pide a conciencia la inclinación moral de su autor, pero este, constantemente, desescala la opción, para en su lugar potenciar esa distancia moral, dejando al espectador como único juez moral de los hechos, y dejando que sea este quien la ejerza con mayor firmeza y fervor. La única inconveniencia es que para llegar hasta allí, el guion deshile las propias naturalezas y coherencias de los personajes – en ningún momento se aprecia el advenimiento de cambio de valor de la madre. Pequeños flecos corregibles que devalúan ligeramente una obra atrevida y punzante.


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.