Crítica

Las niñas – Pilar Palomero

posted by Marc Muñoz 3 septiembre, 2020 0 comments
La educación sentimental

La cinematografía española sigue ampliando su capital femenino con directoras que aportan frescura, sensibilidad y que, en definitiva, proponen nuevas miradas que oxigenan nuestro cine. Si bien es cierto que esta hornada se ha beneficiado de la actual corriente de compromiso por la igualdad de género, también lo es que la mayoría de estas representantes atesoraba el talento necesario para aprovechar el impulso del oleaje.

La última en sumarse al grupo es Pilar Palomero, quien con su ópera prima acaba de adjudicarse la Biznaga de Oro y llega a la cartelera con la cabeza alta que supone arrastrar (desde la Berlinale) la coletilla de “la película española del curso”. Parabienes absorbidos por este relato de iniciación ambientado en la Zaragoza de principios de los años 90, donde una niña de 11 años lidia con la educación católica, los desajustes hormonales en ciernes y una amarga y enigmática historia familiar.

En su primera iniciativa como cineasta, Palomero edifica un coming of age que se resuelve como un retrato local de una niñez, colindante con la adolescencia, que marcaría profundamente el desarrollo de las mujeres de su generación (40). Un dibujo que, desde lo local y lo autobiográfico, adquiere resonancias universales cuando aborda el despertar sexual, la ruptura con la inocencia, las presiones educativas, los lazos afectivos de la amistad y las crueldades asfixiantes en horas lectivas.

Lo que supone un material manido desde los distintos terrenos de la ficción, no lo resulta tanto con el tierno, perspicaz y sensible acogimiento que le dispensa su principal artífice. La lucidez con la que Palomero aborda los detalles, gestos y miradas cómplices, o vacías, se traduce en una alta carga emotiva sobre sus personajes, potenciados por ese asombroso descubrimiento que supone Andrea Fandos como la niña protagonista (un talento que, si ella y su familia quieren, volverá a deleitarnos en tiempos venideros), y la siempre solvente Natalia de Molina en la piel de su madre.

Esa mirada capacitada, sensible y sutil que en los últimos años hemos visto en directoras como Carla Simón, Elena Trapé o Elena Martín, se destapa a lo largo del filme, por momentos, con secuencias conmovedoras. Es por ejemplo el caso de la secuencia inicial, cerrada con ese contraplano final que parece sellar el Goya a la mejor actriz revelación para Fandos. Otro de los momentos cumbre de la cinta que subrayan la pericia de la debutante como directora es la tremenda secuencia de iniciación a la bebida y su ritual lúdico, donde la protagonista es víctima de la crueldad de la hermana de una de las amigas.

Palomero también acierta con creces a la hora de sumergir al espectador en la atmósfera retrógrada, gris y anticuada de las clases jesuitas, y, con apenas cuatro trazos –  la banda sonora como billete regresivo instantáneo, con el complemento de apenas tres retransmisiones televisivas identificables -, y sin salir de interiores, levantar esa atmósfera realista, y, por lo tanto, familiar para aquellos que vivimos ese período en edad similar.

Las niñas supone así el advenimiento de dos talentos que deberían ser recurrentes en la línea temporal del cine español de los próximos años.

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