Crítica

Lazzaro feliz – Alice Rohrwacher

posted by Marc Muñoz 8 noviembre, 2018 0 comments
Milagro en Italia

Lazzaro feliz

Tras pasar por Cannes (donde se llevó ex-aqueo el premio al mejor guion), y Sitges (Gran premio del Jurado), Alice Rohrwacher se reivindica desde mañana en nuestro territorio como uno de los valores más prominentes del cine italiano. Su Lazzaro feliz entronca con la mejor tradición de ese glorioso celuloide ítalo que parecía extinto. Tras apuntar maneras en El país de las maravillas, la directora e actriz florentina invade corazones internacionales mediante este fabuloso artefacto narrado desde la mirada bondadosa, compasiva e inocente de Lazzaro, ese memorable personaje sobre el que gravita la película y cuya presencia es reclamada tanto por los personajes de su universo como por los que asisten anonadados a sus movimientos al otro lado del espejo.

La obra arranca en una aldea italiana que ha permanecido aislada del progreso bajo el yugo de una aristócrata feudal que explota a los campesinos que ahí residen. Sin embargo, un inesperado giro precipita la obra hacia el mundo exterior hasta el punto de articular un fresco sobre el clima social de la Italia de los últimos años.

Puede que lo que luzca y deje más perplejo de su visionado es esa estructura libre y dinámica que bascula del cine social y costumbrista rural hasta la fábula social en ambientes urbanos. Cada giro propuesto por la italiana desemboca en un inesperado avance hacia otros espacios y tiempos, a la vez que salta hacia otros géneros y tonos. Una libertad de movimiento pasmosa y brillantemente imbricada en el relato, siempre atada a esa mirada llena de humanismo de un personaje que, desde su inocencia ante lo que le rodea, subraya precisamente las malas hierbas de un sistema podrido sobre el que levita como un ángel, poniendo en evidencia lo irreal, en  nuestro contexto, de la humanidad intachable que desprende el personaje.

Aunque lejos de esa lectura de crítica social sobre el neoliberalismo y sus cargas asfixiantes en los peones que la alimentan ajenos a los dividendos, la película irradia una emoción sincera, sin edulcorar.  Beneficiada por ese personaje de silueta icónica, Rohrwacher atrapa al espectador en las diferentes modalidades por las que circula su criatura. Suficientemente astuta como para evitar el acercamiento exacerbado y cansino del cine social aleccionador, por medio de las incursiones al fantástico y al realismo mágico, también lo es en ambición al ahondar en otras temáticas sin desajustar el pulso dramático de la historia. Así, la película, establece un diálogo entre lo rural y lo urbano, tradición y modernidad, e incluso, entre el realismo y la fábula.

Por si no fueran suficientes bendiciones para su monumental edificación, Rohwracher lanza un poco más allá su creación estableciendo así mismo un diálogo con la mejor tradición del cine que ha dado su tierra. Desde el Novecento de Bernardo Bertolucci (el primer acto), hasta el Rocco y sus hermanos de Visconti, El milagro en Milán de Vittorio de Sica, el Mama Roma de Pasolini, los personajes de Fellini, o sus sucesores Matteo Garrone y Paolo Sorrentino, o el grueso de la obra de los hermanos Taviani, sin olvidarse de otro ilustre del cine social alegórico, el español  Luis Buñuel.

Rohwracher consigue así lo inimaginable; un fresco de la Italia del cambio de siglo, de sus miserias y penurias, de sus desajustes sociales y de la imposibilidad de sus personajes por entrar en el ascensor social, a la vez, que articula un mayestático diálogo formal con el cine neorrealista que ya había tratado las mismas disfunciones sociales varias décadas atrás. Todo ello, aupado por esa mirada cristalina, de reflejo agridulce, cuyo humanismo en un mundo desvalijado de valores solo puede entenderse desde el prisma del fantástico.

8,5


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