Crítica

Les amours imaginaires (Heartbeats) – Xavier Dolan

posted by Marc Muñoz 6 junio, 2011 0 comments
Anuncios de un soñador

Extraordinario es el adjetivo con el que podríamos definir hasta la fecha la trayectoria de Xavier Dolan . Este director nacido en Quebec cuenta, con apenas 22 años, con dos películas dirigidas en su haber, y ya se encuentra preparando una tercera en tierras americanas. Niño prodigio, rueda con 20 años He matado a mi madre, un filme autobiográfico cuyo guión finalizó a los 16 años. La película cosechó tres premios en la Quincena de realizadores del prestigioso Festival de Cannes de 2009.

Al cabo de un año, con su grupo de amigos, y él mismo desdoblándose como director, guionista y actor, rodaba su segunda película, la que aquí nos ocupa, Los amores imaginarios (Les amours imaginaires). Rodada en un mes, y con capital privado, la segunda película de Dolan sigue virando sobre las propias experiencias de su autor, y en concreto sobre su homosexualidad. En esta ocasión relata la historia de dos amigos íntimos: Marie (Monia Chokri) y Francis (Xavier Dolan) que conocen un día a Nick (Niels Scheider), prototipo de belleza clásica, una suerte de Tadzio de Montreal, por el que ambos caen rendidos y enamorados, y con el que pronto establecerán un frustrado triangulo amoroso.

El director canadiense conduce el relato hacía terrenos propios de su vida, donde aflora el amor, el desamor, la amistad, la traición, la frustración, la dificultad de expresar nuestras emociones y nuestra identidad a los demás. En esos valles emocionales, Dolan se mueve con facilidad, y se le puede atribuir cierta sensibilidad reconfortada por el manejo de imagen y sonido. Pero también se le puede retraer un guión sustentado en pavimentos poco sólidos, con una estructura poco definida, y sobre todo, con un conflicto tenue, que arranca tarde, y al que se le imprime un cierto tufillo trascendental.

Un hinchamiento que riega a través de un tratamiento formal super estilizado. Es indudable su habilidad detrás de las cámaras, pero a la vez, resulta evidente su ensimismamiento con dotar a todas las imágenes de un aspecto cool con ínfulas poéticas. Eso lleva a la película a transitar durante muchas secuencias al puro videoclip donde la forma se impone a la sustancia, o lo que es peor, a anuncios de Jean Paul Gaultier. Dolan se destapa eufórico, y no encuentra la medida al uso de ciertos recursos fílmicos como son los ralentis a cámara lenta, el uso reiterado de la música para llenar huecos emocionales y de ritmo, y ciertas virguerías visuales superficiales que no aportan casi nada al centro del relato.

Y ahí reside el principal handicap de la propuesta de Dolan, casi toda su fuerza visual, el potente y talentoso estilo que despliega, acostumbra a ser material de una sola hoja que atrapa y fascina al espectador con su estilo preciosista, cuidado y rebuscadamente cool, pero tras ella, no hay un contenido con suficiente kilometraje como para ser retenido.

Heartbeat sirve para situarnos delante de un joven director ambicioso, con talento desbordante, y habilidades para desplegarlo en el medio cinematográfico, no obstante, también deberá potenciar sus historias (me pregunto cómo se las apañaría en temáticas ajenas a su homosexualidad y asuntos de amores juveniles), y a que su estiloso look visual se muestre más contenido, menos referencial (las influencias a Wong Kar Wai podrían dictaminarse a juicio si se tratan de homenajes o simple copia), y más coherente con el texto. Entonces, lo más probable, es que nos encontremos con un preciado diamante del cine francófono, hasta entonces, habrá que seguir sobre su pista para saber cómo evoluciona su prometedora carrera.


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