Crítica

Leviatán – Andrey Zvyagintsev

posted by Alberto Varet Pascual 31 diciembre, 2014 0 comments
Enfrentarse (o no) al monstruo del cine

Leviatán

Los primeros minutos de Leviatán ponen al no entusiasta de la obra de Andrei Zvyagintsev en alerta, pues en ellos se da la peor constante de su cine: el arranque, pseudocontemplativo, da paso al lenguaje más convencional y a la presentación de unos individuos y sus conflictos de turno que, a estas alturas, poco pueden interesar al espectador menos inclinado hacia el drama social. Afortunadamente esto dura sólo media hora. A partir de ahí, con sus más y sus menos, el director logra imponer un buen pulso narrativo, lo que genera una incuestionable densidad a lo largo de un relato empapado por un sentido trágico que jamás cae en el ridículo ni la pedantería.

Crónica de los males de la madre Rusia moderna, Leviatán se encuentra, durante todo su dilatado metraje, al borde del precipicio: los personajes, por lo general (y muy especialmente el antagonista), son caricaturas, con lo que la crítica al poder establecido resulta bastante obtusa. Algo muy peligroso en un film social. Sin embargo, la forma en la que crece la protagonista principal es excelente, con lo que se consigue un determinado equilibrio emocional (no parece casualidad que sobre ella recaigan las escenas más secas y sutiles).

Zvyagintsev es capaz de esquivar igualmente la obviedad al mutilar las subtramas para convertirlas en recovecos narrativos sin salida, lo que parece un delito en el audiovisual más convencional pero que hoy, en pleno siglo XXI, emerge como una de las mejores fórmulas para representar en el cine las rupturas y los desajustes dentro del relato, de la vida de los personajes, de sus motivaciones…

No obstante, lo más importante de la cinta está en sus instantes de abstracción. Cuando, por ejemplo, el realizador ruso decide rodar en la oscuridad de una casa o de una carretera las sombras de un pasado que bien podrían darnos las respuestas a las preguntas del presente. O cuando privilegia los sonidos de una hoguera sobre el conflicto padre-hijo o el ruido del mar al golpear las rocas (y como preludio a la tragedia) antes que el melodrama de sobremesa.

Por eso hay mucho que lamentar en esta producción, pues su director se ha lanzado a contar una historia de pandereta acerca de unos pobres diablos, que deben sobrevivir a la maldad de unos mafiosos, en lugar de buscar la creación de una experiencia cinematográfica total con los alucinantes componentes que tiene a mano.

Resulta, entonces, ridículo que haya quien compare este film con el trabajo de Tarkovski, ya que Zvyagintsev se olvida del cine como arte y se ofusca en hacer cuentas con los males de su país por la vía fácil. Si Leviatán es densa y poderosa, como dicen, es porque funciona en su narración a lo largo, pero hay lagunas a lo ancho. También porque sabe generar una densidad notable gracias a los matices de la protagonista. Sin embargo, donde toca el cielo es en los instantes de contemplación y abstracción, en los que parece que pudiéramos oír a la bestia en el rugido del frío mar. Pero esos instantes son los menos. Y es entonces cuando nos acordamos de la película homónima de Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel, irregular pero siempre desafiante. Allí, si el monstruo no aparecía no era porque no le estuvieran buscando, sino porque no lo encontraban. No podemos decir lo mismo de esta buena, pero decepcionante película.

6,5

Leave a Comment