Crítica

Mad Max: Furia en la carretera – George Miller

posted by Marc Muñoz 21 mayo, 2015 0 comments
Ruido y furia…femenina

Mad Max Furia en la carretera

Hay algo más que la mera coincidencia cuando en una misma semana, los dos productos culturales que más ruido han generado, que resultan de lo más opuesto en sus respectivos medios, fijen parte importante de su discurso en el feminismo. Si en Mad Men, y especialmente su su tramo final, Matthew Weiner mediante el personaje de Joan Harris construía un puente de reconciliación hacia los que le acusaban de haber creado un producto meramente masculino, y hasta algunas miradas miopes, de machista. Aunque su apunte obedecía más a un paso necesario (obligado) para describir todos los rincones de ese fresco de la América de la década de los 60, y señalar el rol secundario de la mujer en éste, que como el mundo real se ha encargado de demostrar luego, lo de Joan fue una excepción.

En un tiempo reciente en que actrices, directoras (las que podrían haber, más de las que hay), guionistas y demás tribu hollywoodiense reclaman una presencia femenina más equitativa en todos los estadios de la industria del entretenimiento, resulta sorprendente, por no decir milagroso, que una de las obras más feministas de la temporada proceda del corazón de Hollywood, y la transporte en sus entrañas una de las sagas más míticas del cine de acción.

Sin querer centrar el debate en esa característica del filme de George Miller – éste, como la representación masculinizada de la mujer héroe, se lo cedo a sociólogos y feministas – sí que resulta interesante señalar ese componente de la mujer como el último bastión de esperanza en un futuro pos-apocalíptico deshumanizado, dominado por el hombre. Un apunte, en cierta medida, rompedor que resalta como una de las muchas cualidades que dispone el director australiano en la última entrega de una saga que él mismo, y Mel Gibson, catapultaron hacia lo más alto del cine de acción de los 80, y de la historia del séptimo arte.

Un primer gran acierto que queda englobado en el mayor de ellos: la pericia de Miller por acercar la saga a nuestros días, a las nuevas generaciones sin perder la esencia de la original. Movimientos de grúa a plenitud, planos aéreos, montaje picado, color saturado y retocadísimo, cierta presencia “digital” en la imagen, combinación de la acción física y la digital, y una banda sonora de Junkie XL omnipresente y arrolladora son los principales elementos con los que trabaja para dar forma a su vistosa carrocería. Pero lo más significativo es su innegable preocupación para que el nostálgico de la saga original se rencuentre con el universo pos-apocalíptico que definió la trilogía anterior, y en Furia en la carretera lo hace rodeado por un cosmos mitológico que resulta novedoso, fascinante, pero a la vez identificable y coherente con su pasado. El detalle que asoma de la recreación de los personajes, sus ambientes y en general de todo el universo diegético del filme resulta maravilloso.

Todo el contrario de una línea argumental que resulta anecdótica, por no decir inexistente. Pero esa simple arquitectura narrativa, dispuesta sobre los raíles de una road movie de persecución de ida y vuelta, le proporciona al director de Babe: el cerdito valiente, la oportunidad de ejecutar uno de los mejores ejercicios de acción jamás vistos. Mediante un ritmo anfetamínico que no permite al espectador acomodarse en el asiento ni por asomo – ahí reside uno de los pocos puntos flacos, la saturación que puede conllevar todo el trayecto a esa velocidad – Miller dispone un bólido capaz de afrontar algunas de las piruetas más frenéticas e insanas vistas en el séptimo arte. Porque la película de Miller, se contagia del ritmo endiablado, de la chaladura que desprenden los personajes – el que interpreta Nicholas Hoult por ejemplo-, y somete el desarrollo del relato y su plasmación visual a lo mismo niveles esquizoides y alborotados, si pausa, sin restricciones, sin autocensuras, para sorpresa en una súper producción de este calibre.

Y toda esa carrerilla acelerada impulsada por el desenfreno más ruidoso, pero controlada mediante una ejecución milimétrica, lo parece empujar hasta el limite de tomar una decisión osada, criticable para muchos, y valiente para otros. Es tal el empuje que cobra Furiosa, la lugarteniente que se fuga del reino del dictador villano de la película con un camión de gasolina y unas bellas doncellas, que Max queda relegado a un rol secundario, de apoyo a los intereses de ésta por recuperar la humanidad. Es tal la naturaleza feminista del filme, que se le usurpa el protagonismo en pantalla al que estaba destinado a ocuparla, al que cede su nombre al título del filme y la saga. Y lo hace en medida por el gran desempeño volcado por Charlize Theron, perfecta en su rol de heroína salvaje y tierna, por encima en galones interpretativos que un estoico, y a ratos soso, Tom Hardy, a mucha distancia del Max que compuso Mel Gibson.

Son muchos los atributos, y la valentía desplegada en este vibrante road movie, pero también la separa un trecho de dónde la ubican ciertas voces que la encumbran como uno de las mayores hitos del cine de acción. Hay algunas debilidades, o ausencia de virtudes más holgadas, que pasan algo de factura. De entrada el recuerdo del precedente, de sus dos primeras entregas, juega a su contra, así como del héroe interpretado por Gibson. La inclusión de algún que otro apunte narrativo que hubiera servido para conectar más con esos personajes no hubiera aquejado el ritmo, el cual, pese a que la duración es intachable, precisaba algo más de control y pausa, sin avasallar tanto al espectador, ni causarle un amago de infarto. Con reducir algo de ruido para buscar aflorar un componente más de tensión hubiera sido suficiente.

Nada que empañe este espectáculo colosal. Un viaje frenético, épico y disparatado envuelto de polvo, fuego, destrucción, locura y música rock. Una opera rock ensordecedora que marca la cima del cine acción de la temporada, dejando un vivero de secuencias e instantes como referencia para los jóvenes cineastas que sueñen algún día con ser George Miller.

8

 

 


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