Crítica

Madres paralelas – Pedro Almodóvar

posted by Marc Muñoz 3 octubre, 2021 0 comments
Ejes desalineados

Madres paralelas

La carrera del manchego más internacional, atendida y vitoreada en cada una de sus exhalaciones, escaló un 8.000 en su penúltima tentativa. Pedro Almodóvar se abrió en canal en un sublime dispositivo de autoficción. Con el recuerdo difícilmente mejorable de Dolor y gloria, el de Átame regresa en una versión más descafeinada, especialmente para los que, en nuestro interior, anhelábamos algo a la altura de la obra protagonizada por un pletórico Antonio Banderas en la piel de su tutor y acreedor.

Madres paralelas se distancia pronto de la mejor versión del manchego con un arranque fallido que gravita alrededor de una larga conversación entre una fotógrafa (Penélope Cruz) y un antropólogo (Israel Elejalde). Ese punto de partida, resuelto con torpeza y pereza en pantalla, introduciendo con calzador diálogos de matiz político – no serán los únicos, ni tampoco las secuencias, de desarrollo endeble -, sirve para predisponer sobre el tablero las dos líneas narrativas sobre las que confluye la última obra del más internacional de los cineastas españoles en vida. Por un lado, un melodrama almodovariano alrededor de un trasvase de maternidades entre la fotógrafa  y una joven madre soltera (Milena Smit) con la que entabla amistad. El otro eje es el de la memoria; esa memoria histórica soterrada en las cunetas de tantos lugares de nuestra geografía.

Su último esfuerzo se levanta así entre dos corrientes que no avanzan en un fluir continuo y natural. Si bien la carcasa más almodovariana dispone un a ratos emotivo retrato sobre la maternidad, mediante esta madre soltera invadida por las dudas, la culpa y la angustiosa carga moral que le causa su gran secreto, la parte dedicada a ese memoricidio que sigue privando de descanso a miles de familias de nuestro país que no han podido dar sepultura a los suyos, patina en su encaje con el hilo principal. En su intento por converger el melodrama puramente almodovariano con un filme político (algo sorprendente en la filmografía del manchego) es cuando el discurrir orgánico de la película se desencaja. Existe una buena idea de fondo, pero Almódovar no encuentra la bisagra idónea para unir esos dos planos temáticos.

Y si el de la maternidad en solitario convence no es tampoco por sus logros formales – hay de hecho en toda la película una pereza en la puesta en escena, en su ausencia de simbolismos y/o secuencias sublimes y bellas como las de su anterior film – sino por la esforzada labor de una Penélope Cruz volcada en su rol protagonista. Tampoco el humor rellena espacios en este tratado desajustado de la memoria, el silencio, el dolor y la culpa.

Almodóvar cosecha con Madres paralelas tres hitos inéditos en su trayectoria. Su filme más político, su filme más femenino – el único personaje masculino es el que interpreta Israel Elejalde-, y el que menos bucea en su propio imaginario autoral. Sin embargo, la receta no resulta, ni mucho menos, tan enriquecedora como en otros de sus envites cinematográficos.

6

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