Crítica

Maps to the stars – David Cronenberg

posted by Alberto Varet Pascual 6 marzo, 2015 0 comments
Sobre la palabra muerta (II)

Maps to the Stars

Dos tipos de espectadores van a repudiar lo último de David Cronenberg: los que piensan que una película crítica con Hollywood tiene que pagar peaje a El crepúsculo de los dioses y los que defendieron Cosmopolis por las razones equivocadas. Los primeros porque no entenderán que el film se vertebre sobre la palabra más que sobre la trama y los segundos, porque no supieron ver que la anterior obra del canadiense no se erigía alrededor del vocablo como tal, sino en torno a éste cuando ya había perdido su funcionalidad en el mundo.

En este sentido, Maps to the Stars está tan interesada en retratar las miserias hollywoodienses como Cosmopolis lo estaba en hacer balance de la crisis económica: lo que ambas propuestas pretenden realmente capturar es la verdad de nuestro tiempo, ahora que el término ha perdido su valor arrastrando al vacío a las personas y a lo que les rodea. Por eso Eric Paker se desplazaba cual fantasma en un espacio digital e intangible y, por eso, el universo levantado aquí sobre el cielo de la cultura del cuerpo es, precisamente, incorpóreo.

Con esto como punto de partida, podemos tener claro que aquellos que esperan una mirada concreta y ácida de la industria o del sueño americano se llevarán un buen chasco. Porque ésa no es la meta de esta cinta. A pesar de que el guión es un exabrupto a costa de la fama, lo que hace el canadiense con el material recibido es mucho más interesante de lo que habría sido en manos de otro creador. Así, si el espectador está dispuesto a tirar por la ventana las convenciones (que si el cine es contar historias, que si lo importante es el guión con sus personajes, sus motivaciones y puntos de giro…), vivirá una experiencia única aferrado a las imponentes imágenes de una realización que, al igual que su antecesora (con la que forma un díptico esencial), parece buscar desesperadamente un significado que le ha sido arrebatado.

Una razón de ser que alcanzaba cotas gloriosas en la versión de la novela de DeLillo cuando el verbo recobraba su valor (la secuencia de la peluquería) o los gestos se reencontraban con su belleza original (el abrazo cargado de compasión de Robert Pattinson al productor de rap), y que hace lo propio en Maps to the Stars en instantes como el de la ruleta rusa, donde un elemento recupera su valía innata para cargar de sentido la puesta en escena, o el cierre, que otorga cuerpo a un poema que ha pululado por el metraje como un fantasma más hasta entonces.

Por el camino, tanto en una obra como en otra, el lenguaje cinematográfico y los componentes en cuadro parecen condenados a la desconexión (el tacto rectal a Paker elevaba la tensión sexual sin poder estallar de la misma manera que los escarceos sexuales de Julianne Moore no la llevan a ningún clímax). Porque Maps to the Stars es, al igual que Cosmopolis, una verdadera aventura del lenguaje en un tiempo (el siglo XXI) en el que las imágenes se edifican sobre palabras que no valen nada. Por eso Cronenberg usa el plano/contraplano, ayudado por angulares, para distanciar a los sujetos en plena conversación alrededor de una mesa en lugar de para unirlos. Una intención sublimada gracias al uso de unos diálogos cimentados alrededor del verbo inerte que colocan a cada personaje a años luz de distancia de su partenaire, de modo que, por mucho que pertenezcan a la misma familia y vivan en la misma casa, se encuentran, todos ellos, demasiado lejos como para conectar.

Efectivamente, el autor de Stereo ha usado los elementos que tenía a su disposición para recrear en cine un mapa de las estrellas que retrata, en última instancia, a Hollywood cual familia disfuncional (genial). Que construye un universo plagado de cuerpos supuestamente celestes tan vacíos como esas mansiones con ventanales, y situados a una distancia sideral los unos de los otros (increíble la nítida y pulida puesta en escena del director en este sentido).

Y es que aquí lo importante es filmar las brumas y los fantasmas de unos sueños que nunca son. Sí, Maps to the Stars está más pendiente del espacio entre las estrellas que de las propias estrellas porque, en Los Ángeles, éstas no iluminan, lo que convierte el visionado de esta obra en algo único: el realizador que volcó su trabajo sobre la corrupción de la carne, y que más tarde lo movió hacia la corrupción de los géneros (Una historia de violencia, Promesas del este), se halla ahora fascinado por la descomposición del vocablo y levanta, de una forma tan personal como intransferible, una película nada física dentro del reino de la cultura de la imagen para decirnos que no es la imagen la que vale más que mil palabras, sino la palabra la que vale más que mil imágenes.

marco 9,5

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