Crítica

Martes, después de Navidad – Radu Muntean

posted by Alberto Varet Pascual 3 enero, 2012 0 comments

Proyectarse hacia el futuro

Como prácticamente todo el nuevo cine rumano, la obra de Radu Muntean en España ha podido ser seguida únicamente a través de festivales. Por ello es una gran noticia que su última película tenga fecha de estreno en nuestro país y dé la posibilidad a cualquier ciudadano de acercarse a un film que trata un asunto muchas veces visto en pantalla con gran originalidad.

Martes, después de Navidad entroncaría temáticamente con cintas como Breve encuentro o In the mood for love, pero sus decisiones de puesta en escena son radicalmente distintas. Ya desde su arranque, donde se nos muestra los cuerpos desnudos de dos amantes después del acto sexual, sus juegos y sus risas, el cineasta deja clara su estrategia formal: largos planos secuencias muy trabajados en los que el diálogo articula el montaje interno apoyado en unas estupendas interpretaciones. El resultado es un realismo y una tensión magníficos que dejan lecturas sutiles y nunca superficiales.

Por ejemplo, en ese inicio, vemos como el hombre es mucho mayor que su pareja y cuáles son las diferentes formas de actuar de ambos: mientras para la amante este rato en la cama resulta novedoso y excitante, para él no es más que un simple juego de seducción. La forma de tener satisfecha a una joven. El cineasta, sin ningún tipo de subrayado, ha hecho una presentación tanto de personajes como de un primer conflicto.

A continuación, nos es revelado que el varón está casado y tiene una hija. El guión vierte, así, una información que genera cierta antipatía para con él (que será cuestionada al final del film), aunque lo importante es esclarecer rápidamente la trama porque aquí, como en toda obra moderna que se precie, ya no importa tanto la historia como la forma de atajarla.

Muntean se aferra a sus largos planos y decide desenfocar el fondo para que todo lo que ocurra en adelante, siempre pase en primer término, ante nuestra mirada. Los personajes van y vienen, salen del encuadre, hablan fuera y dentro de él, y la cámara simplemente observa mientras el film se construye sobre secuencias que se edifican así mismas en el tiempo que dura su proyección.

De este modo somos testigos del día a día de una pareja que comienza a desmembrarse. Las imágenes del film son las de un nuevo cine rumano que se caracteriza por la cotidianidad de sus tramas, por la ausencia de épica en sus relatos, por un cierto punto aséptico. Así, una visita al dentista o la celebración de la Navidad en la casa de los padres del marido, se erigen en pequeños monumentos de lo común en los que existe una extraordinaria contención, tan incómoda como reveladora.

La narración crece en el presente mientras sobre ella se trasluce el pasado reciente de la nación. Es un cine que sabe mirar a su historia sin temores y que, en sus grandes logros, es capaz de proyectarse hacia el futuro. De esta manera, en Martes, después de Navidad, esos fondos desenfocados que colocan a sus personajes en primer término delatan a unos seres asidos a un ‘ahora’ marcado por el consumismo propio de la salida de un régimen comunista.

Hombres, pues, que viven en el hoy sin querer preguntarse por el mañana. Que habitan el país con una ceguera comparable a la de una mujer cuyo marido le está siendo infiel o a la de una joven arrojada a los brazos de un amor con tintes utópicos brindado por un tipo que ha vivido mucho más que ella. Y entre medias, una niña pequeña, maravillosa, ignorante ante la futura tragedia. Un personaje que empieza a convertirse en un icono del nuevo panorama cinematográfico rumano.

De esta suerte llegamos a una conclusión que nos obliga a cuestionar nuestra primera impresión sobre la valentía de los seres presentados en pantalla. Que nos interpela sobre quién de todos ellos es lo suficientemente íntegro para ser capaz de hacer cuentas con el presente y proyectarse hacia un futuro. El director, en este sentido, ocupa su lugar sin temor. Una señal inequívoca de que estamos ante un autor.

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