Crítica

Más allá de las montañas – Jia Zhang-Ke

posted by Alberto Varet Pascual 18 mayo, 2016 0 comments
De la disolución de la identidad de la madre patria

Mas allá de las montañas

El cineasta Jia Zhang Ke cambió el paso con su anterior película, Un toque de violencia, donde abandonó el tono contemplativo de sus trabajos previos para arrimarse a la trasparencia narrativa en un intento de acercar la realidad de su país a más gente y de conectar mejor con el pueblo llano. El resultado fue un film realizado con maestría, aunque falto de densidad en la mayoría de su metraje. Una obra capaz de penetrar en diversos géneros propios del cine asiático con firmeza y algunos instantes sensacionales, pero también lastrada por una falta de originalidad en su lenguaje.

La crítica y el público, sin embargo, abrazaron el giro en la carrera del de Naturaleza muerta y, vista su última criatura, podemos asegurar que Jia está dispuesto a seguir dándoles alegrías a través de una senda llena de más peligros institucionales (no deben de hacerle demasiada gracia estos títulos al gobierno chino) que cinematográficos. Lo que no significa que Más allá de las montañas no tenga un gran valor audiovisual, pues está llena de retos, amén de algún gesto difícil de olvidar, como la mutación del Go West, de Pet Shop Boys, de tema descriptivo del ánimo de los protagonistas y su tiempo a misteriosa caja de resonancia de un relato dividido en tres secciones asimétricas desplazadas por décadas entre pasado, presente y futuro.

Con esto dicho, el lector ya puede imaginarse que, como siempre en el cine de Jia Zhang Ke, la transformación (erosión) lo es todo. Esta vez, la idea que maneja el autor es la de que los problemas del ayer resuenan en el ahora, y que lo que no hagamos hoy para frenarlos tendrá un eco mañana. Así, la trama desplaza su film progresivamente hacia el oeste, tanto emocional como físicamente, lo que acaba por colocar al joven Dollar (ojo al nombre) en la oriental (¡oh, paradoja!) Australia, desde donde se dibuja un futuro chino lejos de China. O, dicho de otro modo, una China sin futuro.

Evocar una nación desde otro espacio y otro tiempo, añorar desde allí unas raíces y presentar sin estridencias una crítica mirada al capitalismo (Occidente es el gran beneficiado de este sistema) sin necesidad de poner la cámara en la realidad china, voltea lo visto hasta el momento y empapa de abstracción el material de partida elevando claramente la calidad de una obra que, hasta entonces, se le antojaba a este espectador bastante funcional. Es la rima entre los dos primeros pasajes y el último la que dota al conjunto de una mayor dimensión y nos devuelve a la memoria algunas escenas que, sin saber por qué, a uno se le habían quedado en la retina. Especialmente aquellas que pertenecen a la intimidad de los personajes (un viaje en moto o en coche) o a las tradiciones nacionales (los fuegos artificiales o los bailes). Todas ellas proyecciones del interior (personal o patrio) a punto de estallar (¡esas explosiones de tierra a orillas del mar!).

La táctica de Jia Zhang Ke consiste, pues, en filmar con trasparencia (y cierta rutina) su país, con sus ritos y costumbres, para que, una vez lejos de él, veamos cómo se le añora. A la vez, da protagonismo a una madre solitaria para transformar ese retrato costumbrista, venido a melodrama, en una hipnótica búsqueda de la identidad de la madre patria hacia el último tramo, de modo que Más allá de las montañas acaba erigiéndose como una libérrima muestra audiovisual sobre la disolución de la identidad nacional empotrada, de manera alucinante, entre los acordes del Go West.

La película parece decirnos que China nunca será como Occidente, por lo que las tensiones entre el capitalismo y su sociedad generarán (ya están generando) el exilio de una identidad. Pero esto es cine e, igualmente, podemos aseverar que si China no es Occidente, la ‘normalidad’ del lenguaje narrativo tampoco le va demasiado bien a un Jia Zhang Ke que era mucho más sugestivo transitando otras vías cinematográficas. Por ello, y en contra de lo que asegura la mayoría de los críticos, el que esto escribe ve un subidón en el último y más abstracto tramo de un metraje que, hasta entonces, sólo había sido salvado de la rutina gracias a varios fogonazos del director superlativo que el autor de 24 city lleva dentro.

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