Crítica

Mátalos suavemente – Andrew Dominik

posted by Marc Muñoz 10 septiembre, 2012 0 comments
I need a dollar

Mátalos Suavemente

La tradición del cine negro norteamericano ha dispensado incalculables pepitas de oro para el cinéfilo: Desde la época del blanco y negro, pasando por la reinvención del género y hasta sus últimas propuestas. Puede que algún día la película que aquí nos ocupa pueda compararse con exponentes de la cinematografía de Otto Preminger, Richard Brooks,  John Frankenheimer, Sidney Lumet, William Friedkin, Quentin Tarantino o los Hermanos Coen. Autores de los que Andrew Dominik no ha dudado en recurrir para empapelar, en fondo y forma, su Mátalos suavemente (Killing them softly).

El propio director se ocupa de adaptar la novela de George V. Higgins, Cogan’s Trade, mediante un guión que recoge la historia de dos asaltadores de poca monta que, bajo la dirección de un tercero, deciden atracar una partida de cartas de la mafia. Sin embargo su plan se va al traste cuando la mafia contrata los servicios de Jackie Coogan (Brad Pitt), un temible asesino a sueldo encomendado para impartir justicia criminal.

Con estos elementos Dominik cocina un thriller negro… negro, negrísimo. De aspecto tosco, salvaje, y fondo crítico. La suya es una película de diálogos más que de acción, de personajes retratados en ambientes turbios, despoblados y decadentes. Sobreviviendo en la América de la profunda grieta económica, la del desencanto de la era Obama. Los criminales que pueblan la cinta escenifican la quintaesencia más extrema del capitalismo en época de crisis.

Todo un trasfondo social y crítico que cala más por las manifestaciones de sus personajes, las acciones que cometen, los afilados diálogos que sueltan- en ese sentido resulta impagable el discurso final de Trade- que por el constante, y explícito, ruido de fondo de telediarios y cortes radiofónicos de promesas presidenciales con el que Dominik impregna varios de los parajes de su obra.

Pero es precisamente ese sarcasmo, esa ironía demente, el cinismo demoledor, lo que late con fuerza en gran parte del relato, y lo que dota de mayor calado el dibujo de sus personajes, como el apreciable caso, una vez más, del personaje interpretado por Brad Pitt. Unas notas de humor que no se reducen al plano crítico-social sino que abarcan otros instantes más peliagudos, incluso macabros, consiguiendo con la suma de imagen y diálogo, algunas secuencias desternillantes y delirantes, en la línea del Tarantino de Reservoir Dogs y Pulp Fiction.

Algunas voces podrán estimar que la historia que representa no resulta demasiado novedosa, ni tampoco la forma de estructurarla por guión- toda ella es lineal, sin ningún atisbo de la fragmentación que Sidney Lumet brindó con destellos modernos en la poderosa Antes que el diablo sepas que has muerto, o Tarantino en su alabada Pulp Fiction. Pero eso es algo que ni la historia, ni la temática ni el desarrollo de los personajes requiere, además queda bien cubierto por un atractivo envoltorio cargado de impactantes cámaras lentas, recursos visuales efectivos y graciosos (la secuencia en que uno de los paletos está bajo los efectos de la heroína) y una fotografía sucia, densa y punzante, que junto a la dirección artística o el trabajo de localización, consigue un equilibrado ajuste entre el thriller estilizado y el naturalismo propio que David Simon insufla en The Wire o Treme.

También suma a su favor el espectacular elenco actoral reunido: Brad Pitt, James Gandolfini, Ray Liotta, Sam Shepard, Richard Jenkins. Pese a tirar de ciertos arquetipos en la construcción de algunos personajes, especialmente evidente con el asesino mafioso interpretado por James Gandolfini, el conjunto sobresale por su firmeza. Todos ellos algo desequilibrados, algunos de ellos rozando la parodia o el perfil redneck al que recurren con asiduidad los Coen en sus películas, pero a la vez, tan auténtico y atractivo para el espectador.

Menos acertada resulta una selección musical muy evidente, refugiándose en la primera opción, y por lo tanto la más recurrida, para ilustrar ciertas secuencias y sensaciones (Johnny Cash, Velvet).

Algo que no lastra la solidez de un thriller mafioso orquestado con garra, precisión, gotas de violencia salvaje, y con cierta consciencia social, que lejos de querer centrar toda la atención del relato, lo que hace es lubricarlo de interés para dotar de un marco más creíble y humano las correrías y movimientos de sus criminales protagonistas. Es pronto para saber el lugar que le aguarda en la historia del séptimo arte, pero de momento se escabulle directamente entre las mejores piezas de cine negro vistas en los últimos doce meses.

 marco 75


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