Crítica

Melancolía – Lars von Trier

posted by Marc Muñoz 1 noviembre, 2011 2 Comments

Cosmos drama

Al señor Lars von Trier le precede una infama merecida por declaraciones polémicas, discusiones acaloradas y falta de tacto (la más reciente la que le acarreo su expulsión en el festival de Cannes) que van más allá de su cine, y se ciñen más a su puesta en escena como enfant terrible del cine moderno. Por suerte para los que adoramos el cine e intentamos mantenernos abstractos del ambiente cargado que a veces lo rodea, el danés también responde, con cierta regularidad, con obras de una contundencia arrebatadora.

Parece existir cierta corriente de espectadores que linchan de forma sistemática el cine del director de Los idiotas amparándose en la polémica que siempre suscita su figura pública ahí dónde pisa (cosa que va a dejar de pasar, ha decidido dejar de dar entrevistas ). Hasta el punto que esta idea preestablecida, muchas veces, les impide penetrar en los extremos artilugios que compone y extraer de ellos su discurso. Un discurso, que de forma más o menos evidente vertebra sus películas, y desmiente con ello el uso del cine como simple medio para la provocación o reducto de sus catarsis personales (que hay de lo uno y de lo otro, pero no en exclusiva).

Bajo la atmósfera inseparable de la discordia, llega el viernes a las carteleras su último artefacto incendiario. Melancolía no va a ser una excepción en su carrera, los partidarios y los enjuiciosos se esparcirán con mismo fervor a las salidas de los cines: Von Trier ha vuelto a dar rienda suelta a su particular y molesto universo bajo un poderío visual demoledor.

Esta vez lanza una intensa bola de fuego bajo capas, más o menos reconocibles (más menos que más) del subgénero fantástico: el cine apocalíptico. La película arranca con una tensa boda entre Justine (Kirsten Dunst) y Michael (Alexander Skarsgard), y termina con el acercamiento a la Tierra del planeta Melancolía. Dividida por dos capítulos diferenciados (signos de puntuación que forman parte de una sintaxis propia) la película pasa del drama familiar al drama metafísico con el  acercamiento del planeta.

Si en su primera parte el protagonismo recae en el personaje brillantemente interpretado por Kirsten Dunst, a su incapacidad para socializarse  (padece algún tipo de trastorno social que la consume hasta paralizarla físicamente ), a su negativa para acoplarse a los moldes sociales, en definitiva, a pisar minas de infelicidad en un acto de nihilismo enfermizo. Material que aprovecha el director danés para triturar el matrimonio, sus convenciones, sus representaciones, y diseccionar un drama de origen familiar (¿cuál no lo es?) con puntos referenciales con el Celebración de su compañero del movimiento Dogma, Thomas Vinterberg.

Mientras que en su segunda parte se centra en Claire, la hermana de Justine, bien contestada por la actriz y cantante Charlotte Gainsbourg. Su hermana es la antítesis de Justine, es bondadosa, cuidadora, siempre preocupada por el provenir de los de su alrededor. Sin embargo, en esta parte el drama familiar y personal de la primera acto se encamina hacía el drama existencial y cosmológico a medida que el inesperado planeta deja de ser una bella contemplación en el telescopio y pasa a ser una amenaza presente. Von Trier convierte a su filme es una especie de reverso oscuro y angustioso de El árbol de la vida de MalickOtra Tierra (otra cinta que navega por el cosmos drama), en el que la belleza de la naturaleza rodea a los personajes pero el ambiente resulta irrespirable.

Von Trier se regodea en las sensaciones que afligen a las dos hermanas con la temible presencia del planeta. Si Justine yace despreocupada e  impasible, su hermana representa todo lo contrario, una angustia demencial que contagia al espectador en todo su metraje final.

Von Trier puede contentarse de impregnar una vez más de angustia, mal rollo, negrura y desasosiego abismal a sus imágenes. Tanto en su primera parte, como sobre todo, en la segunda, el director de Europa nos lanza a una tumba sin orificios donde se filtre el aire.

Y lo hace aliándose con unas formas que aquí resultan magníficas, excepcionales, e hipnóticas. Desde esos cuadros magnéticos repletos de intriga con los que abre el filme, hasta ese final de los finales estremecedor. El filme es un tour de force absorbente que demuestra una vez más el talento que atesora su director para crear y verter emociones, muchas veces encontradas, mediante el uso ejemplar de la luz, la imagen, las interpretaciones y la potencia sonora (una vez más uso de música clásica y efectos sonido atronadores)

Melancolía enmudeció a los presentes en el Auditori tras su paso por el festival de Sitges. A la salida los postulados a favor y en contra se enfrentaban como era habitual. Podrá gustar más o menos su estilo, la forma de abordar sus temáticas, pero a estas alturas resulta incuestionable que detrás de este personaje con cara agria, mirada penetrante y ceño fruncido se esconde un cineasta con un lenguaje potente y capacitado para crear universos visuales acongojantes, indiferentes para nadie.

Ver Melancolía en Filmin


2 Comments

Knarf Gaviria 1 noviembre, 2011 at 23:47

Lars Von Trier es sencillamente apoteósico,

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Marc Muñoz 2 noviembre, 2011 at 08:34

+1

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