Crítica

Mia Madre – Nanni Moretti

posted by Mireia Iniesta 19 enero, 2016 0 comments
Preferí no hacerlo

Mia madre cartel

Después de ver Mia madre, uno no puede evitar repasar la trayectoria del gran Nanni Moretti y vislumbrar su particular idiosincrasia en toda su filmografía. En Ecce Bombo, despliega todo su esplendor de cómico, como el  Woody Allen italiano que fue, en La mensa è finita pone de manifiesto toda su aversión eclesiástica, en Palombella Rossa, todo su amor por el cine, en Bianca, todas sus obsesiones concentradas en un maniático profesor chocofílico, en Caro Diario, toda su paternidad. A pesar de los años transcurridos y de su aparente evolución, Moretti sigue ahí y sigue siendo Moretti. La primera vez que pareció dar un quiebro fue en La stanza del figlio. El Moretti anterior a esa película había desaparecido, el muchacho obsesivo se había esfumado para siempre para dar paso al padre. El hijo de Moretti ya existía y ahora el director romano razonaba con la preocupación de un padre temeroso. Sin embargo, también en aquella ocasión,  la grandeza de su ejercicio cinematográfico radicaba en hacer lo mismo de siempre: las obsesiones de que había dotado a sus personajes anteriores volvían a ser recuperadas por el protagonista de La stanza del figlio , pero esta vez no para hacer reír, si no para hacer llorar. En Mia Madre el esquema se repite. ¿Qué duda cabe que en la escena del sueño de Margherita Buy cuando el propio Moretti le aconseja que cambie un solo esquema entre doscientos, se está hablando así mismo? Egocéntrico hasta la saciedad y hostigado por la culpa, el director de Mia Madre vuelve a abordar un capítulo de su vida como ya hiciera en Caro Diario. Para su última película Moretti ha elegido a una actriz que guarda gran parecido con su propia madre, que tiene la misma profesión que tenía su madre y que muere como murió su madre sin que él le prestase la dedicación necesaria. Aparece de este modo el miedo a asumir una gran  responsabilidad que parece inasumible como ocurría con el protagonista de Abemus Papam, ese preferir no hacerlo. Margherita Buy es la directora obsesiva y desorientada que protagoniza la película y el claro alter ego de Moretti.

También asume un gran peso otro de los grandes temas del director, la memoria asociada a la pérdida de la solemnidad de las cosas. En Caro Diario Moretti hace un homenaje a Pasolini y lamenta no haber ido a visitar nunca ese lugar, así que conduce con su scotter hasta allí. Al llegar descubre el monumento dedicado a Pasolini descuidado, rodeado de hierbajos y junto a una oxidada e improvisada portería de fútbol. Ese plano es la condena particular de Moretti a la desmemoria de su pueblo. En Mia Madre cuando Margherita Buy, John Turturro y su compañero de reparto salen a cenar, es el actor extranjero el que hace referencia a las grandes glorias italianas: escritores, actores y demás figuras relevantes son mencionadas sin que los dos italianos de la mesa presten atención. Quizá esa imposibilidad de recuperación y el inexorable deterioro de las cosas le lleve a reflexionar sobre la crisis y sea la causa de que la directora que protagoniza Mia Madre haya decidido rodar una película sobre el cierre de una fábrica. La solemnidad godardiana de Tout Va bien, a la que parece homenajear Moretti y el glamour de Jane Fonda vienen aquí sustituidos por una serie de hilarantes escenas protagonizadas por la torpeza del personaje interpretado por John Turturro y la indecisión de Margherita Buy.

A pesar de precipitarse hacia la fatalidad de un inevitable y funesto desenlace Moretti dosifica los momentos dramáticos y los engarza a la perfección con los de comedia. Esta acertada hibridación pone de manifiesto la dinámica de la vida misma. Por una parte el dolor, por la otra las obligaciones y los momentos de distensión y como resultado lo conciliable y lo irreconciliable. Sea como sea la última película de Moretti se revela como todo un canto a la vida,  en un ejercicio de vitalidad y optimismo que también diviso en Youth de Sorrentino.

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