Crítica

Midnight in Paris – Woody Allen

posted by Manel Carrasco 16 mayo, 2011 1 Comment
Estereotipos de un genio

 

¡ATENCIÓN!: Si por casualidad a estas alturas aún no has visto Midnight in Paris y, sobretodo, no sabes de qué va, minimiza esta ventana, corre a una sala de cine tapándote las orejas y con los ojos cerrados, y no vuelvas hasta que se acabe la nueva película de Woody Allen. Entonces podrás leer tranquilamente la crítica y, si quieres, ponerla a parir. Lo que viene a continuación contiene spoilers, y aunque no soy muy partidario de ellos, en este caso no me he resistido.

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Gil (Owen Wilson) es un guionista de Hollywood que se encuentra haciendo turismo en París con su prometida y sus futuros suegros. Fascinado desde siempre por la ciudad, Gil sueña con la posibilidad de instalarse en alguna buhardilla y entregarse al oficio de escritor, aunque ello choque con las premisas más realistas de su novia y de la vida en general. Una noche, melancólico y tocado por el alcohol, deambula solo por las calles de París buscando su “magia”… Y acaba por encontrarla. Literalmente.

Este año, el Festival de Cannes se abre con Midnight in Paris, la 45ª (sí, cuadragésimo quinta) película de Woody Allen, concebida como una carta de amor a la ciudad de la luz. Hace años, en el documental Wild Man Blues (Barbara Kopple, 1997), Allen comentaba que cuando venía a Europa siempre pasaba primero por París para ser consciente de que estaba en el viejo continente, e incluso el mimo con el que la trata en Todos dicen I love you (1996) es sintomático de la relación que el director más arraigado a Manhattan mantiene con la capital del Hexágono. Visto así, supongo que era una cuestión de tiempo que Woody Allen, inmerso de lleno en su periplo europeo, parara por allí. A toro pasado, hasta podríamos decir que con estos antecedentes la película solo podía desarrollarse de la forma en que lo hace, con esa misma historia, ese mismo enfoque y, quizá, ese mismo resultado. Aunque bueno, si algo sabemos hacer la mar de bien los que escribimos (de manera profesional o amateur) críticas de cine es interpretar, cuando ya está todo vendido, lo que solo nosotros habíamos visto hace siglos, cuando Woody Allen no era ni director de cine, o más atrás aún, en los albores del cine, o en el descubrimiento de América, o en la victoria de César sobre los galos: que un día u otro Allen acabaría haciendo una película sobre París bien enhebrada, ágil, simpática, quizá no entre sus mejores obras, pero sí una de las más destacables en años. Ah, y si gana algún premio en Cannes o en los Oscars, eso también lo habremos visto nosotros antes, claro está… En fin.

Sea como sea, Allen ha dado en el clavo. A través de los más de 100 minutos de metraje, el director se mueve en terreno seguro y conocido, con el oficio de los mejores cineastas y alguna chispa de genio. El dibujo del personaje protagonista reproduce algunos de los modelos que han caracterizado su cine: un aspirante a escritor de clase media-alta cuyo éxito profesional no le priva de sentirse insatisfecho con su vida a nivel más o menos existencial. Su búsqueda, física y metafórica, centra el filme y lo arroja a una conclusión que no descubre ninguna gran verdad, sino que se cimienta en alguna pequeña constatación que suena a Perogrullo pero no lo es. El tema de fondo de sus películas a menudo revela pequeñas enseñanzas esenciales para vivir la vida con relativa felicidad, como solo alguien con su capacidad intelectual y su angustia parece aspirar a vivir. En el caso que nos ocupa, la moraleja es agridulce, e incluso puede tocar hueso, pero también puede ser reconfortante y empujar al espectador a mantener la sonrisa al salir de la sala de cine, más allá del tono claramente cómico de Midnight in Paris.

Al salir del pase de prensa que tuvo lugar en Barcelona (no se engañen, no estoy en Cannes, afortunados los que sí) muchos comparaban esta película con Vicky Cristina Barcelona (2008) por la gran cantidad de escenas que tienen lugar ante un fondo de postal, a medio camino entre la promoción turística institucional y la típica actitud del guiri que se hace una idea de una ciudad abriendo una guía. Sin embargo, una de las grandes diferencias entre ambos filmes, y que pesa a favor del lado del que hoy nos ocupa, es que en Midnight… Allen justifica temáticamente la elección de las localizaciones y convierte la enésima película sobre el encanto de París en una reflexión sobre la mitificación de todo tiempo pasado y la necesidad de aprovechar el presente. Y pese a ello, Allen nos la sirve sin ocultar su fascinación por esta ciudad y por un periodo concreto de su historia trufado de intelectuales cosmopolitas, charlestón y fotos en sepia. Una de las virtudes de esta película es el cúmulo de buenas vibraciones que produce la visión de un cineasta desacomplejado, de vuelta de todo y sin la necesidad de construir y reivindicar un modelo narrativo propio.

Allen ya lo tiene todo hecho, y a su edad provecta se puede permitir el lujo de construir una fábula en la que se codea con algunos de sus mitos culturales del siglo XX, con ironía pero también con ternura y respeto, reduciéndolos a un complicado estereotipo capaz de buscar la complicidad del público “educado” al que el director apela estos días en Cannes. En su universo epidérmico Fitzgerald es un borracho en simbiosis con la neurótica Zelda, Hemingway es un bravo fanfarrón más grande que su leyenda y Dalí está como una cabra. El mismo Allen reconoce que es más sano para la mitomanía de cada uno no humanizar a sus personajes sino respetarlos por el modo en que han pasado a la historia. Quizá dentro de unos años alguien haga memoria del cine de los últimos 40 años, o acaso del Nueva York más reconocible, y en la galería de sus personajes aparezca un judío menudo parapetado tras unas grandes gafas, neurótico y genial; un intelectual atiborrado de ansiolíticos y Oscars que popularizó el diván del psicólogo y que pasará (ha pasado) a la historia del cine como un estereotipo, un fantasma más entre los que él mismo retrata en su película. Mientras tanto, la siguiente cita es en Roma, y parece que le volveremos a ver en pantalla. Por favor señor Allen: siempre tan libre como en Midnight in Paris, por favor.

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1 Comment

Jose Nava 18 mayo, 2011 at 15:39

Hola a todos, me llamo Jose y soy una apasionado del cine y las buenas historias… Hace poco me vi Midnight in Paris http://j.mp/lZQ52b , la historia es muy buena y con París de fondo vista por Woody Allen es una gozada, el personaje de Gil es genial como “mimetiza” a Allen con sus gestos, voz, movimientos, realmente la actuación de Owen me pareció muy buena.. pero es verdad que se queda en momentos flojito el guión. Saludos

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