Crítica

Mientras seamos jóvenes – Noah Baumbach

posted by Alberto Varet Pascual 4 septiembre, 2015 1 Comment
Una comedia generacional ortopédica

Mientras seamos jóvenes

Una cinta del mismo director que examinó con sabiduría la crisis de los 30 en la espléndida Frances Ha, centrada en los complejos de los 40, interpretada por Ben Stiller (quien asegura risas), Naomi Watts (siempre bien), Amanda Seyfried (de las actrices más sugestivas del momento) y Adam Driver (el nuevo icono de Hollywood), era esperada como una de las grandes esperanzas cinematográficas del año. Decir que el resultado es decepcionante es ser magnánimo: Mientras seamos jóvenes es un batacazo tan tremendo que los que pensamos en su día que Una historia de Brooklyn estaba sobrevalorada, volvemos a arquear la ceja a pesar de haber visto luz (y mucha) en el anterior proyecto de Noah Baumbach. Pero, ¿cómo ha podido pasar? ¿Cómo se puede ir del derroche de gracia y del acercamiento honesto a la treintena a este pastiche de monerías con pretensiones tan ortopédico como aburrido?

Quizás el tono abiertamente deudor de un cine francés amado sea la primera clave. En la obra que escribía e interpretaba Greta Gerwig, las referencias se mostraban de forma trasparente para, a continuación, ser asimiladas con naturalidad, hasta el punto de plagiar, sin temores, el momento Modern Love de Mala sangre. Por otro lado, que Gerwig co-escribiera el texto, también sirvió para poner contrapuntos a la mirada generacional, de modo que, a pesar de ser el trabajo de un hombre, el punto de vista siempre era el de una mujer, así como el humor o las cavilaciones sobre el amor y el paso del tiempo, que, claro está, son muy distintas dependiendo del sexo.

Nada de eso encontramos aquí, donde Baumbach se lo guisa todo por su cuenta. Razón por la que los personajes femeninos tienen tan poca identidad y  gracia, por mucho que su papel sea importante en el relato. Aunque los chicos, reducidos a un tonto cuarentón (probablemente el más frustrante y aburrido Ben Stiller de toda su carrera) y a un hipster veinteañero enterado, no son mucho más carismáticos. Cuatro creaciones de catálogo de guión que obtienen como réplica otras tantas interpretaciones tan ortopédicas como el humor que estila la cinta.

Y es que es, precisamente, la falta de humor, la principal tara de la producción. Porque en una comedia lo fundamental son las risas (algo que parece olvidado en la época de la trascendencia de pandereta en la que vivimos). Risas que, aquí, brillan por su ausencia, pues todos los gestos, los gags verbales o visuales, las réplicas, la dosificación de los golpes o la planificación de las escenas responden al mecanismo de un guión de academia que parece estar escrito por un estudiante de primero de comunicación audiovisual. Con semejante material, y sin la pericia suficiente en el arte cinematográfico, el director es incapaz de otorgarle vida al texto, haciendo patentes las carencias del mismo.

Por eso lo único que le queda al espectador es ser testigo del ridículo de los actores, especialmente el de los cuarentones (las escenas de hip-hop son de vergüenza ajena), cuyo ficticio regreso a la veintena debería haber supuesto un alud de quiebros emocionales verdaderamente catártico. Sin embargo, da la sensación de que Baumbach no sabe de lo que habla. De que no siente en absoluto lo que filma. De que tuvo en su día una idea (la confrontación generacional en la era del culto a la juventud) que la creyó buena, pero de la que nunca se enamoró. El desenlace es que todas las escenas de su película parecen de diseño, incapaces de arrojar algo de luz. O sea, justo en las antípodas de Frances Ha. Aunque parezca mentira.

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1 Comment

Marc Muñoz 7 septiembre, 2015 at 21:52

Coincido en que Mientras seamos jóvenes supone un paso atrás en la carrera de Baumbach, especialmente porque la comparación con Frances Ha resulta sangrante para el filme aquí reseñado. Como esgrimes una de las claves es un guión de manual, donde los personajes se precipitan al arquetipo más trillado sin poder luego desprenderse de esa tara. Es la mirada difusa de un cuarentón que no se ha movido en exceso de su apartamento de Manhattan. Y aunque presente situaciones cómicas intermitentes, te doy la razón en que el humor brilla por su ausencia. No sería tan severo con la valoración que le has dado, pero comparto ese signo decepcionante que deja su visionado.

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