Crítica

Minari. Historia de mi familia – Lee Isaac Chung

posted by Marc Muñoz 8 marzo, 2021 0 comments
La familia americana crece

Minari

Algo se mueve en las placas tectónicas del cine norteamericano con la incorporación de un abanico más amplio de miradas que enriquecen su influyente materia fílmica. Si el año anterior acentuaban esa apertura en su gran fiesta, con la coronación de un filme coreano: el Parásitos de Bong Joon-hoo, desde los últimos años los cineastas de origen asiático arraigados al país del dólar han podido desarrollar su mirada con proyectos honorables que empiezan a recoger frutos dentro y fuera de sus fronteras.

Si este año viviremos la eclosión de esta mirada mixta con la probable coronación de Chloé Zhao – joven cineasta china-estadounidense responsable de uno de los films del curso, Nomadland – uno de sus principales competidores en la carrera de los premios podría ser la propuesta de Lee Issac Chung, director afincado en Denver de origen coreano cuya historia semi-biográfica vuelca en esta Minari convertida en una de las sensaciones indies de los últimos meses. Algo que siempre está bajo el radar de A24, la sólida productora y distribuidora norteamericana que echó el lazo a este proyecto presentado en Sundance el pasado curso.

Minari se formula a través del trayecto vital de una familia surcoreana que abandona California para instalarse en la rural Arkansas con el objetivo de conseguir rubricar su sueño familiar mientras concilian con otro tipo de mitos más exigentes: América como tierra de acogida y oportunidad para los self made man. Sin embargo, el film, en vez de tirar por los clásicos derroteros de inadaptación, exclusión, choque cultural y racismo, inherentes al drama de los inmigrantes en el país de las barras y estrellas, y registrado en infinidad de filmografía, opta aquí por un tierno y vitalista fresco alrededor de esta familia lejos de su tierra y su hábitat predilecto, ubicando el conflicto entre las aspiraciones profesionales e ideales del padre (Steven Yeun) y el amor familiar y cercano de la madre (Yeri Han), más preocupada por el bienestar general y el de sus hijos, y con el refuerzo de una abuela que se incorpora como miembro fijo de esta familia.

El film de Chung epata precisamente por el tono amigable y enternecedor que adquiere desde sus primeros compases. El dibujo entrañable de los personajes, especialmente en la relación que emparienta al más pequeño con la abuela, acentuando con ellos los cauces cómicos y tiernos de la trama. Mientras que, en el otro lado del espectro, refuerza el pulso naturalista y dramático con los choques entre el matrimonio y su manera de entender la familia bajos esos contornos rurales y solitarios.

Y ahí radica precisamente la gran baza de esta propuesta saludable, edificar una feel good movie sin caer en lo empalagoso ni lo meloso – a excepción, en algunos instantes,  del uso de la banda sonora. Manteniendo la afabilidad y las sensaciones agradables, sin descuidar las dificultades y las amarguras inherentes a cualquier familia real. Chung combina así con acierto enseñanzas del Ozu de Buenos días, el Kitano de El verano de Kikujiro, y de este cine de sabor asiático imprimido desde los contornos del cine estadounidense que comentaba en el párrafo de salida: The Farewell, El verano de Cody o Columbus.

Minari se alza así no solo como una de las sorpresas anunciadas desde su triunfo en Sundance, sino como la feel good movie necesaria para combatir estos tiempos de pandemia, crisis y cines con las persianas bajadas. Una propuesta emotiva y vibrante que encandila al espectador sin tirar del manual de recursos fáciles y/o trillados.

marco 75

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