Crítica

Mysterious Object at Noon – Apichatpong Weerasethakul

posted by Alberto Varet Pascual 28 abril, 2016 0 comments
Cine recién nacido

Mysterious object at noon

La distribuidora Capricci Cine tiene a bien traer a nuestro país una película del 2000 que nunca fue estrenada en España. Se trata de la excepcional Mysterious Object at Noon, el primer largometraje de Apichatpong Weerasethakul, una muestra de cine libérrimo, único y sorprendente que es, a la vez, la demostración de que la filmografía del tailandés no es fruto de la casualidad ni iba a ser flor de un día.

Mucho se habló en la pasada década del híbrido ficción-documental como la más importante manifestación cinematográfica de aquel periodo. Un cuarto de hora del film que nos ocupa ya pone en cuarentena la valía de esta dupla, pues el mestizaje que Joe impone al material tratado deja pobre una explicación tan sencilla y en pañales al crítico destinado a escribir sobre su cinta: ¿cómo enfrentarse a una obra que comienza con aires de Direct Cinema (parece que estamos ante un documental acerca de una zona y sus habitantes) para transformarse en un objeto no identificado tras la enunciación de la sencilla frase ‘puedes contar otra cosa, real o inventada’?

Cuando escuchamos esta oración, nuestra mente viaja directa al rótulo ‘Erase una vez’ que vimos al inicio de la proyección, y todas nuestras certezas cinematográficas quedan dinamitadas: estamos ante el retrato de una nación esculpido alrededor de una tradición oral que construye leyendas patrias, algo que le fascina a Weerasethakul, pero gestado con una originalidad desbordante desde la idea de que el cine es un lenguaje misterioso capaz de generar un universo sin límites que puede hacernos entender mejor el mundo que habitamos.

Esta concepción del medio lo iba a reinventar. La ópera prima de un desconocido tailandés hablaba el lenguaje del cine con una gracia inédita que hacía añicos cualquier tipo de explicación narrativa al uso: aquí es el espectador el que debe LIBREMENTE hacer las conexiones entre el cuento y un documental que se torna memoria filmada para abrirse, a continuación, a la experiencia sensorial de quien no tiene acceso al mundo exterior en unas imágenes, siempre diurnas, que remiten a la magia y la ensoñación de quien sueña despierto, lo que liga este trabajo con Cemetery of Splendour, la última y más política realización del tailandés.

A partir de ahí, con la narración ya desplazada al territorio de lo mágico, sin indicaciones en el montaje, sólo a través del corte directo, el pie en ‘lo real’ lo pondremos gracias a la tradición oral y la musical nacional, y a la aparición del director colocando los focos en una escena similar a todas aquellas de las películas de Joe donde el cine se hace visible como una manifestación humana más; o, cabría decir, como la más humana de las manifestaciones.

Por ello, el trabajo que no dejaba de venirle a la cabeza al que esto escribe durante el visionado de esta ópera prima era el extraordinario cortometraje Mobile Men, donde, como aquí, da la sensación de que, acaso, lo que más le importa al autor de Tropical Malady, por encima del cine, los sueños o el misterio, son los hombres, con sus rostros y sus gestos cual cinceles de una cultura siempre al borde de la transformación.

marco 9,5


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