Crítica

Noche de bodas – Tyler Gillett, Matt Bettinelli-Olpin

posted by Sebastián Blanco Portals 10 octubre, 2019 0 comments
Escóndete de tu familia política

Noche de bodas es una sorpresa agradable y ecléctica. Durante la hora y media que dura la película, el tono fluctúa del terror a la comedia, del thriller al gore, con total fluidez y sin desatender ninguno de los géneros por los que se pasea. La premisa es sencilla pero original: una familia rica cuenta con la extraña tradición de invitar a cada nuevo miembro, en la noche de bodas, a participar en un juego con ellos. Una carta decide a qué se juega. Si te toca el escondite… corre.

Uno de los grandes aciertos de la cinta es el ritmo. La tensión de la trama escala casi sin descanso, dejando respirar a los espectadores con breves situaciones cómicas inteligentemente narradas y montadas justo en el momento adecuado, cuyo resultado es la carcajada casi unánime de los espectadores que logran liberar la tensión y prepararse para el siguiente ataque. La combinación de diálogo y acción es clave, y en sintonía con las muy buenas actuaciones de los protagonistas –especialmente de la novia y víctima del juego interpretada por Samara Weaving, una bomba de relojería cargada de emoción y gracia a partes iguales– y de sus personajes bien construidos, logra un resultado muy entretenido y que funciona casi sin esfuerzo.

El mensaje que subyace la película, además, es en sí mismo una gema cómica destinada a triunfar debido a su universalidad: la hostilidad de la familia política, y el nerviosismo de entrar a formar parte de la vida de unas personas a las que prácticamente no conoces, llevadas a la máxima exageración y excentricidad posibles. Es gracias a esta idea que vertebra la trama y al carácter metafórico de lo que se muestra en pantalla que los espectadores llegan a sentirse identificados incluso cuando un balazo atraviesa una cabeza que estalla a borbotones. 

Esta comedia de terror es además, puede que inconscientemente, una película rebelde. No por su trama ni su mensaje, sino por su forma. Dentro de los límites lamentablemente intrínsecos a la mayoría de producciones estadounidenses, los directores (casi debutantes) logran un resultado refinado y elegante en todos los departamentos, desde la fotografía a la dirección de actores. Los planos están cuidados y revelan una clara intencionalidad narrativa y estética, lo que demuestra que existe un tipo de cine que, sin tener grandes aspiraciones intelectuales, y aun siendo su finalidad principal el mero entretenimiento, no por ello tiene que ser necesariamente burdo.

Noche de bodas es, en fin, una obra inteligente y sin complejos. Con un descaro y una frescura que recuerdan a películas tan dispares como Relatos Salvajes y Orgullo y prejuicio y zombies, el espectador que vaya a las salas a verla disfrutará de una buena ración de sustos, tensión y comedia presentada en un envoltorio atractivo y singular.

7


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