Crítica

Noé – Darren Aronofsky

posted by Marc Muñoz 4 abril, 2014 2 Comments
Chirimiri

Noé

Darren Aronofsky es el último exponente de una larga lista de directores que surgidos desde el circuito del cine independiente terminan seducidos por las cifras millonarias que se manejan en el sistema de estudios de Hollywood. Tras tantear esa culminación con el Cisne Negro, un thriller psicológico que le valió a Natalie Portman su primer Oscar aun que conseguía mantener cierto carácter autoral con varios de sus rasgos característicos, ahora culmina su ascenso en el seno de la industria con Noé. Una película que anula, prácticamente, todo el sello de su cineasta en aras de crear un producto empaquetado para empatar a las audiencias más amplias.

Noé desembarca en la cartelera con la intención de reavivar el género bíblico de aventuras entre unas nuevas generaciones que apenas lo han experimentado más allá de las reposiciones en semana santa. Y con esa misión entre ceja y ceja, Aronofsky se enfunda en el traje de director talentoso al servicio de un estudio, y construye un arca con una estructura vistosa para las generaciones más jóvenes, pero con varias fisuras considerables en su casco que le impiden surcar mares más revoltosos y complejos.

Atraído por el carácter apocalíptico de este pasaje del antiguo testamento, el director de Pi desaprovecha la oportunidad de trazar paralelismos, y establecer una parábola con la situación crispante y alarmante que se vive en el mundo actual, más allá de algún apunte ecológico. En su empeño por hacer masticable el relato a los más jóvenes, se permite ciertas licencias en la historia que en lugar de lanzarla hacía posiciones firmes, la desestabilizan. Es el caso por ejemplo de la introducción de unos gigantes con un diseño irrisorio, propio de un filme  infantil, y con una animación fallida, que choca con el tono general de la cinta.

Tampoco acierta en el uso abusado de una CGI que Hollywood arroja como anzuelo para los adolescentes, pero que en películas como las de aquí, en lugar de sorprender o de potenciar la espectacularidad de la historia, caminan en dirección opuesta, alejándote de ella, creando una muralla visible y reconocible que separa al espectador del mundo diegético, causando el mismo efecto que cuando uno percibe el truco en un número de magia. Aquí si cabe más acusado debido a una paupérrima utilización de los efectos especiales para una producción de estas características, notablemente visible en la secuencia en que los animales van llegando en tromba a las bodegas del arca. Parece como si a Aronofsky se le hubiera pasado de largo ver La vida de Pi.

No es la única vara en un filme ofuscado en tratar de emerger su carácter épico de unas imágenes, que al contrario de su intención inicial, sotierran la mayoría de intentos. Hay pocas secuencias de este Noé que vayan a prevalecer más de un día en la memoria de los espectadores. Puede incluso, que su valor más preciado, surja en su último tramo, cuando el relato de aventuras de intento épico de los dos primeros tercios se torna en un drama familiar de tintes psicológicos. Hay al menos, instantes en este pasaje, en que Aronofsky da con la tensón necesaria para captar la atención del espectador, y con ello, subrayar la obsesión que conlleva la misión divina aceptada por el personaje de Noé, que le lleva al punto de enloquecer y de enfrentarse a su propia familia en el entorno cerrado del arca. Son esos instantes, las mejores destellos de una cinta que llega a la conclusión que la salvación de la humanidad pasa por la ternura y el amor que solo la mujer es capaz de ofrecer, dejando al hombre como un animal irrecuperable sin su presencia.

En resumidas cuentas, Noé es un pasatiempos pasable, que como relato de aventuras sin más se puede disfrutar de forma intermitente, pero que como relato épico, y especialmente como acercamiento o reformulación del peplum, naufraga sin encontrar su tono ni la forma adecuada. Una exposición formal que puede ser resultona para las nuevas generaciones, pero vacía de fondo, y que resultará irritante e imperdonable para lo más puristas o metidos en años. Una oportunidad perdida de entrar en la estructura de Hollywood por la puerta grande y manteniendo las señas identitarias intactas.

 5,5


2 Comments

Karolvs 8 agosto, 2014 at 10:17

Muy de acuerdo con la crítica. En mi opinión lo que ha hecho el señor Aronofsky es un despropósito. No es que sea creyente sino porque he seguido con atención su trayectoria y ésta “mezcla de religiosidad y Señor de los Anillos” con CGI por un tubo porque no se busca contar algo, sino venderlo, es sin duda alguna un truñal de “proporciones bíblicas”.

Simplemente no puedo sino empezar a “cuestionar mi fe” en este director.

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Marc Muñoz 11 agosto, 2014 at 15:00

JAJAJA. Mucha razón Karolvs, un pestiño de proporciones bíblicas. Yo espero que sea solo un lapsus en la carrera de Aronofsky, que hasta la fecha, se había mantenido impecable.

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