Crítica

Nuestra canción de amor – Olivier Dahan

posted by Marc Muñoz 16 julio, 2011 0 comments
Vidas pasadas por glucosa

Una parte importante de los anales negros de la historia de los Oscars lo conforman películas de muy discutible calidad que se acaban llevando alguna de las estatuillas principales. Sobretodo, ocurre esto cuando concierne a las interpretaciones principales, hablo por ejemplo, sin ir más lejos, de hace dos años cuando tuvimos que ser testigos de cómo Sandra Bullock recogía el Oscar a la mejor actriz por su papel en Un sueño posible (The Blind Side), y en el mismo año la estatuilla al mejor actor iba a parar a Jeff Bridges por la soporífera Un corazón rebelde.

No se lleven a la confusión con esta comparación; la reciente etapa de Jeff Bridges es incontestable, y su carrera nunca podrá ser comparada con la de actriz de florero como es la de Bullock. Pero toda esta introducción viene más o menos a cuento con el estreno de Nuestra canción de amor. Un drama de superación ñoño de los que ven con muy buenos ojos en el seno de la academia por su debilidad para premiar personajes con discapacidades. Si no fuera porque el filme se ha estrenado por estas fechas, vería aquí un nuevo caso de injusticia garrafal en la historia de las estatuillas, y aún así, me agarro a la silla (de castigo), para que no se escriba de nuevo una nueva página negra en la historia de estos premios.

En nuestra canción de amor reseguimos la historia de una cantante paralítica (Renée Zellweger), y su amigo, un ex-bombero (Forest Whitaker) con varios ingresos psiquiátricos en su vida. Juntos emprenden un viaje a Memphis para superar las tragedias de sus vidas.

Así de plano, así de convencional, así de trillado se esboza la trama de esta cinta. La película explora un viaje de búsqueda entre dos personas con heridas trágicas en su vida, y cómo a través de ese viaje las van cicatrizando y además aprenden a quererse entre ellos. No resultaría tan fatídico si Olivier Dahan (La vida en Rosa) hubiera conducido su trabajo por caminos menos transitados, o bien se hubiera contenido en el uso de la glucosa que impregna todo el metraje, y sobre todo, si hubiera prescindido de ese tono naif y superficial que desprende cada axioma que rige la vida de los protagonistas.

Una pareja protagonista que encaran dos ganadores del Oscar, y que con desigual resultado llevan a la práctica. Si bien, es claro que el look de Renée Zelleweger invita a imaginarse una cantante country paralítica y caída en desgracia, el guión y los diálogos trabajan a toda vela para que no nos creamos una expresión, una frase o gesto que salga de su interpretación, o que como mínimo, le restemos parte del supuesto dramatismo. Algo parecido le ocurre al personaje de Forest Whitaker al que aún lo infla más con su histrionismo.

Lo preocupante del asunto es la incapacidad de Dahan de tomarle el pulso a una historia de por sí ridícula y previsible, que se manifiesta con una divagación genérica (insertos cómicos desajustados, secuencias de lagrimilla, evocaciones sentimentales que fronteriza con anuncios de compresa de Isabel Coixet, e incluso parajes impostados donde se pretende imitar el descaro o la originalidad de ciertas cintas indies (¿qué pretende sino al introducir sin ton ni son personajes de animación en una secuencia determinada?)

El bochorno llega a su máximo esplendor en secuencias como la de la protagonista cantando por sorpresa en la fiesta de cumpleaños de su hijo; rodeada por serpentinas que duelen los ojos, los globos de mercadillo, una la decoración a la americana espantosa, y con ese aire cargado de sacarina y olor a rancio… mero reflejo del despropósito al cual llega el largometraje a esas alturas del viaje.

Ni Nick Nolte, ni Elias Koteas, ni la música de Bob Dylan puede parchear el despróposito al que se llega en su tramo final.

Nuestra canción de amor es un drama con situaciones tan forzadas, desconectadas de los mundos que pretende reflejar, y que encima queda envuelto por ese tono tan cargado de cursilería, de intenciones tan premeditadamente loables y honrosas por parte de sus responsables que tan sólo puede tocarle la fibra a los miembros de la academia que vivan en burbujas aisladas de la calle. No sé si serán suficientes como para que terminen nominando a su doblete protagonista. Esperemos que no. Mientras tanto, los diabéticos quedan advertidos con este producto.


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