Crítica

Outrage – Takeshi Kitano

posted by Alberto Varet Pascual 25 octubre, 2012 2 Comments
La conciencia política en la nueva yakuza

Outrage

Con dos años de retraso nos llega la, hasta ahora, penúltima película de Takeshi Kitano. En ella, el afamado cineasta vuelve al género que lo vio nacer, el de yakuzas, para reflexionar en torno a su naturaleza, su vigencia y su capacidad para hacer cuentas con el presente. Todo ello en un film tan actual y sobrio en sus formas como lleno de interesantes matices en su fondo.

Outrage, que así se llama, al igual que otros títulos acerca de la mafia (especialmente El Padrino), se construye alrededor del amplio abanico de personajes que maneja su texto. Sin embargo, al contrario que la mayoría de estos, las relaciones ‘familiares’ que describe son tan falsas e interesadas que cualquier acto cargado de afecto resulta notable.

Es, pues, una cinta levantada sobre la mentira y la especulación cuya trama se desplaza, pertinentemente, desde un antiguo recinto con aires medievales hasta una serie de autopistas, edificios modernos, lugares de juego y callejuelas solitarias. Un trayecto que separa una traición familiar de una retahíla de muertes con el que Kitano parece querer decirnos que los asesinos a sueldo de hoy, esos que mantienen contactos con la policía o abundan en el mundo de la droga y el juego, son los mismos que ya se codeaban con los círculos de poder en el medievo.

Para expresarlo ha optado por un montaje de ritmo constante que va decantando gradualmente unas imágenes cargadas de detalles. Algunos físicos, como los rituales de la yakuza (los dedos amputados, la importancia de la edad y el rango, los tatuajes…) y otros psicológicos, como el patetismo de unos protagonistas incapaces de tener una vida plena (¡qué conmovedora es la única escena de sexo de todo el metraje!) apuntalado por un peculiar y desconcertante humor marca de la casa.

Y es que el responsable de Hanna-Bi parece tener claro que existe un mal crónico dentro de la sociedad. Unas tensiones que se perpetúan en el tiempo como un rito capaz de despersonalizar. Y ahí es donde, según él, se debe ubicar el nuevo cine negro, en un contexto frío donde lo humano se intuya en lo patético. Por ello la carcasa de esta película es tan sobria y fría como brillante; su tempo, preciso y su humor y su violencia, gélidos. Ciertamente no estamos tan lejos del Cronenberg de la indispensable Cosmópolis.

Como el autor canadiense, Kitano nos habla del final de una época (el de la yakuza clásica, en las propias palabras de uno de los personajes) y, también, de cómo todos los negocios capitalistas están controlados por la mafia (¿quién es Eric Parker sino un mafioso, un tipo que especula con el dinero de los demás buscando solamente su propio bien?)

Todo ello servido en un mundo globalizado donde los malos negocios de unos pocos perjudican al resto de la población. Un sin sentido al que el cineasta japonés consigue dar cuerpo al reducir al absurdo una trama secundaria en la que una embajada africana es convertida en un casino. Porque es ahí, en el ámbito diplomático, donde nace la especulación y donde el potencial del crimen organizado se dispara más allá de las fronteras dentro de un juego en el que las regiones pobres viven bajo el yugo de las poderosas.

Unas inquietantes reflexiones que laten bajo la piel de una obra realizada en el 2010, lo que le da un plus de valía al film y a su director, quien fue capaz ya entonces de articular un elocuente retrato tanto de la sociedad de su país como de la del resto del globo. Y todo a través de un ejercicio muy pulido, de enorme control formal y narrativo que reformula desde dentro las claves del cine negro a partir de la conciencia política.

9

botón Filmin


2 Comments

Marc Muñoz 26 octubre, 2012 at 08:36

Celebro la vuelta de Kitano al cine que lo dio a conocer, y espero que haya pasado página a su nefasta etapa onanista. Interesantes reflexiones las que expones sobre esta brillante cinta de cine negro seco, con gotas de humor Takeshi, con una representación de la violencia cruda y gélida, y con un poso desesperanzador (impresionante lo que logra transmitir con ese plano, casi al final, con los dos matones alejándose al horizonte por una carretera asfaltada al lado del rompeolas después de haber cometido un crimen atroz). Por cierto, ¿soy yo o el presidente yakuza es el mismísimo Kim Jong III? También me pareció ver al Robert de Niro japo como uno de los extras en las escenas del casino

Reply
Alberto Varet Pascual 26 octubre, 2012 at 11:59

Jajaja… podría ser… no me fijé.
Recomiendo a todo el mundo leer también la crítica de Jordi Costa de hoy en el País porque es excelente. De lo mejor que ha escrito en bastante tiempo: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/10/25/actualidad/1351190331_710815.html

Reply

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.