Crítica

Pacific Rim – Guillermo del Toro

posted by Marc Muñoz 8 agosto, 2013 0 comments
El Blockbuster friki

Pacific Rim Poster

El mejicano Guillermo del Toro se enfrenta estos días a la prueba comercial más decisiva de su carrera, tras ser el elegido para insuflar vida a una de las criaturas más ambiciosas, espectaculares y costosas de la temporada.

Pacific Rim supone de entrada la graduación de Del Toro en la ristra de directores de nivel A, los mismos a los que Hollywood confía proyectos de esta envergadura, pero además supone su consolidación dentro del cine más palomitero sin perder la esencia personal. Y por el momento, pese a no haber recuperado la inversión en el ámbito doméstico (90 millones de dólares de los 190 de presupuesto), si que parece que el público internacional no le dará la espalda a su mayúsculo esfuerzo, al menos, así se entiende tras la excelente recepción en el mercado asiático.

Viendo la película se palpa la mente de un entusiasta cinéfago volcado en dar vida a una criatura cinematográfica de dimensiones estratosféricas, pocas veces vistas en la pantalla grande. Porque este cruce desmedido entre los Kaiju, unos lagartos gigantes (a semejanza de los Godzilla) que han emergido del centro de la tierra con la intención de terminar con la humanidad, hasta la llegada de los “Jeager”, unos robots gigantes equipados con tecnología puntera y erigidos como la última esperanza de los humanos, no tiene demasiados precedentes ni se complica a la hora de trazar el recorrido argumental.

Y quizá por ello, haya que señalar como primer acierto notorio de su director, la capacidad para dotar de vida todo este universo fantástico en el plano visual, que a diferencia de casos recientes, como en Guerra mundial Z, no se ve lastrado por unos efectos especiales que te distancian de la historia por su uso masificado, enfocado en cantidad, más que en detalle y calidad.

Sin olvidarse nunca de estar cocinando un blockbuster para un público amplio, lo más encomiable de la labor de Del Toro resulta la comodidad y agilidad con la que introduce recetas propias ante un plato tan exigente y masivo. Así pues la película agradece, logrando filtrar con naturalidad, las notas de humor tex mex, el referencialismo a la serie B  japonesa, el anime, la acción más desaforada, los personajes variopintos y excéntricos, o las criaturas que parecen un cruce alucinado entre los bichos de Mimic y unas gomilonas. Una gran masa uniforme, que Del Toro maneja con sentido, precisión, y coherencia según lo requerido en cada momento. De este modo permite arrancar la película como una Academy movie, centrada en la lucha por el reconocimiento de un ex piloto de Jeager (Charlie Hunnam, protagonista de Sons of Anarchy), que tras años trabajando de peón y en el olvido, es rescatado por el almirante para hacer frente a las cada vez más persistentes invasiones Kaiju.

En ese punto primerizo, la película transita por vías exploradas con asiduidad por la factoría Buckheimer, y deja entrever líneas argumentales, lugares comunes, estereotipos, clichés, y filias de un Michael Bay o del Tony Scott de Top Gun. Desde ese punto radica parte de la originalidad, valentía y ambición de la obra: su predisposición de transformación hacía otros raíles, ya sea, a través de subtramas, o del propio desarrollo argumental principal. De este modo,  el director de El laberinto del fauno pone toda su carne en el asador, y toda la artillera CGI, en saltar hacía la acción fantástica, recreando en pantalla fabulosas batallas entre Haizu y Jaeger, secuencias excesivas, gigantescas y alucinantes.

Y a la vez, no rehúsa la invitación de embarcarse en la parte más cómica, focalizada en la subtrama de los científicos, sus teorías y experimentos locos que lleva a uno de ellos (el JJ Abrams hipster) a contactar con una organización criminal que se dedica al tráfico de órganos de los Kaijus. Momento en que irrumpen en escena Ron Perlman, Santiago Segura, y un Honk Kong que parece la réplica fosforito de Los Ángeles de Blade Runner, para aportar las notas de humor, el tiempo distendido y las pausas necesarias ante tanto alarde pirotécnico y chasquido ininterrumpido.

Y es que el de Cronos deja pocas cosas sin atar. Conocedor de estar ante un Blockbuster de recorrido internacional, no duda, en trasladar la acción a diferentes ciudades, utilizar personajes de latitudes distantes, pero geografías emergentes (no es ninguna casualidad que los pilotos de Jaeger sean chinos, rusos, y estadounidenses), así como su voluntad por cruzar dos mundos ficticios de fantasía que preservan, y cruzan sin sometimiento ni superioridad, la tradición occidental con la oriental.

Y aún le resta espacio para introducir tímidos apuntes que apuntalan el trasunto de la cinta. Así, no resulta difícil presenciar en algunas imágenes la sombra nuclear del triste y aún reciente episodio de Fukushima. Sin llegar  nunca a alcanzar en este plano la excelencia referencial con la que trabaja J. J. Abrams en su Star Trek: En la oscuridad.

Pacific Rim supone el primer Blockbuster plagado de apuntes frikis, personajes excéntricos y estallidos de serie B. Pero ante todo, Del Toro puede enorgullecerse de haber levantado un espectáculo colosal, ensordecedor y maravilloso, cuyas gigantescas secuencias de acción están entre lo más espectacular y goloso del cine de acción hollywoodiense de la última década.

marco 75


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