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Crítica

Paradise Lost y Paradise Lost 2 – Joe Berlinger y Bruce Sinofsky

posted by Marc Muñoz 2 abril, 2012 1 Comment
Los 3 de West Memphis

Paradise Lost

El 5 de mayo de 1993 un triple crimen conmocionó a una pequeña localidad de Arkansas. Tres niños de 8 años fueron salvajemente mutilados y asesinados. A los pocos meses las autoridades locales detuvieron a tres adolescentes de estética gótica, seguidores de Metallica y conocedores del ocultismo como inculpados en un supuesto ritual satánico que terminó con la vida de los tres niños. Pronto la opinión pública inició un linchamiento público contra los jóvenes, sin embargo, durante el juicio, se demostraron una serie de irregularidades que ponían en duda ese clamor.

Esta es la terrorífica historia real que recoge el documental Paradise Lost The Child Murders at Robin Hood Hills. Al que le siguieron dos partes centradas en los avances de este popular caso en los EEUU; Paradise Lost 2: Revelations y la nominada al oscar este año en la categoría de documental Paradise Lost 3: Purgatorio.  A los tres títulos producidos por la HBO les han acompañado multitud de documentales y reportajes. Lo último será una adaptación cinematográfica que prepara el director Atom Egoyan, conocida con el nombre de Devil’s Knot.

El primer documental, emitido en la HBO en 1996 y dirigido por Joe Berlinger y Bruce Sinofsky, registra los hechos acontecidos tras el atroz asesinato, centrando su foco en el proceso judicial emprendido contra los tres jóvenes, y con declaraciones tanto de los tres implicados, como de los familiares de las víctimas y de los acusados. Más allá de este acercamiento, Paradise Lost The Child Murders at Robin Hood Hills supone un viaje tenebroso y perturbador a la América  profunda poblada de “rednecks”, pero también es un documento revelador sobre una caza de brujas moderna. Como declara Damien Nichols, el más inquietante y ambiguo de los acusados, han sido víctimas de un nuevo Salem, solo por sus gustos y estética.

El trabajo de campo de Berlinger y Sinofsky arroja mucha luz a los entresijos e irregularidades del caso, hasta el punto, que el propio equipo se convierte, en un momento dado, en acta partícipe del juicio, y por ende actor de su propio documental que sigue los progresos del caso.

Si en la primera parte se busca cierto equilibrio entre los dos bandos enfrentados en el juicio, dividiendo la atención entre las opiniones, pruebas y alegaciones de unos y otros para que sea el propio espectador, quien a partir de sus juicios, saque sus propias conclusiones (si es que puede) sobre si los que están sentados en el banquillo merecen ser declarados culpables del horrendo crimen, o  si por el contrario, son víctimas de una investigación policial apresurada e errónea, de un sistema judicial (con jurado popular) ineficaz y de un linchamiento de la opinión pública feroz. Si así transcurre su primera parte,  la segunda traspasa ligeramente la línea del equilibrio de la objetividad.

Rompiendo de entrada con la supuesta equidad entre las partes enfrentadas. Berlinger y Sinofsky llevan siete años siguiendo los sucesos de los tres de Memphis y se dejan empapar en exceso de las impresiones personales y de lo que trasluce con claridad de las pruebas y las investigaciones posteriores llevadas a cabo por especialistas.

Han pasado cuatro año de la sentencia que enviara a Damien Nichols al corredor de la muerte y a los otros dos acusados, Jason Baldwin y Jessie Misskelley, a una cadena perpetua irrevocable. Los nuevos abogados de los acusados se afanan para recurrir a las últimas apelaciones, en concreto la pena de muerte de Damien Nichols, quien se enfrenta a una de sus últimas oportunidades para demostrar su inocencia. En estos cuatro años, Paradise Lost, su primera parte, ha adquirido una resonancia importante a lo ancho del país, y esto, ha provocado la aparición de un grupo de apoyo para liberar a los tres de West Memphis. También han aparecido nuevas pruebas que podrían esclarecer las culpas. Por su lado, los padres de las víctimas se niegan a volver a aparecer delante de las cámaras de los realizadores, exceptuando el padrastro de uno de ellos, John Mark Byers. Un hombre desquilibrado, prototipo de la América más profunda, que en la primera parte ya cogió cierto protagonismo al ofrecer algunos de los momentos más angustiosos y cargados de ira, y que ahora (o más bien dicho en 1999), muchos creen que podría ser el verdadero asesino de los tres niños.

Parece el guión de una película macabra y llena de giros, pero la diferencia es que aquí todo es real. Y John Mark Byers, culpable o no de esos terribles asesinatos, es una criatura terrorífica,  que enarbola su fanatismo religioso, cuyo interior parece podrido por un malestar constante e intranquilo, y con unas salidas verbales y físicas que hielan la sangre. Cada vez que pasea por delante de las cámaras las dudas que te embargan en la primera parte, parecen despejarse. Y eso, es lo que predispone en exceso el montaje y la estructura acogida por los dos realizadores en esta segunda parte al disponer de un material de tanto voltaje y con un personaje tan dispuesto a desnudar sus distintas caras y heridas enfrente de la cámara. Pequeñas imperfecciones, a las que podría sumarse el tratamiento formal que le acerca en algunos instantes (por ejemplo cuando usa el blanco y negro para volver a la primera parte) a reportajes sensacionalistas televisivos. Algo que no atenúa ni en un ápice el vigor y la potencia que despliega el material expuesto sobre esta espeluznante historia real que va sucediéndose ante los ojos de un espectador atónito.

Paradise Lost supone un tremendo testigo de la “otra” América, la alejada de las grandes urbes, la ajena al turista atraído por los reclamos de nación norteamericana. Pero en su interior revela algunos de los signos más endémicos  de su sociedad. El retrato de ese submundo de caravanas, iglesias, botas vaqueras y poblada por personajes que parecen sacados del casting de Deliverance resulta para los extranjeros fascinante, extremadamente inquietante, pero especialmente escalofriante y perturbadora. Es un documental imprescindible, pero si uno se adentra en él, debe saber que saldrá sin aliento, y que la huella que dejará en él, será alargada. Palabra.

8,5

Nota: Tanto Paradise Lost como Paradise Lost 2 no han sido estrenadas ni emitidas por ningún canal en España. Pero hace relativamente poco Warpfilms editó una edición en DVD con los dos documentales, que Avalon comercializó en nuestro país. 


1 Comment

Paradise Lost y Paradise Lost 2 12 abril, 2012 at 13:59

[…] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos Paradise Lost y Paradise Lost 2   https://www.eldestiladorcultural.es/cine/critica/paradise-lost-y-…  por Masqueperro hace […]

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