Crítica

Parásitos – Bong Joon-ho

posted by Marc Muñoz 27 octubre, 2019 0 comments
Invasión de clases

El coreano Bong Joon-ho se ha convertido por méritos cinematográficos en uno de los abanderados más fiables y mejor valorados del actual cine asiático. Junto a Park Chan Wook y Na Hong-jin conforman un potente triunvirato del cine coreano. Joon-ho se caracteriza por ser un director todoterreno capaz de adaptarse a los terrenos más dispares sin perder esa potente energía que fluctúa en sus obras, Desde el thriller vertiginoso de Memories of Murder, a la distopía ballardiana de Snowpiercer, pasando por una aproximación sui generis al disaster movie con The Host, indican la variedad de estilos y propuestas que aglutina.

En su nuevo capítulo, la estrenada el pasado viernes Parásitos, el director de Okja consolida su estatus como autor con una de sus obras más nutridas de significado, el mismo subtexto que terminó por convencer al jurado del último Cannes, donde recibió la preciada Palma de Oro.

Parásitos se edifica como una comedia negra alrededor de una familia paupérrima que logra una particular inmersión en el palacio moderno y tecnológico de una familia adinerada. Todos los miembros de esa familia en apuros logran colocarse en los servicios del otro clan a quien les sobra el dinero, la ingenuidad y el tacto afable. Mientras que en el polo opuesto, la clase baja se desenvuelve astuta, sin remordimientos y con un impecable plan estratégico.

Sobrevuela así, de forma acusada, la sombra argumental de El sirviente, desde el instante en que este clan familiar desfavorecido trama por penetrar en la fortaleza de lujo, repleta de comodidades,  de la otra familia. Bon Joon-ho se arma también del componente alegórico de los films de Buñuel y de la mirada cáustica de Chabrol a la hora de dibujar a la burguesía, en definitiva, de dotar a su obra del aporte calórico abonado por cierto cine europeo añorado, apoyándose para ello en una puesta en escena que utiliza, con pericia, los conceptos de espacio cinematográfico y la interrelación de los personajes con estos.

También demuestra una caligrafía dotada a la hora de introducir esos apuntes de acidez que recrudecen el humor de la cinta, y que, incluso, logran transforman la risa en una mueca incomoda cuando estallan los chispazos de violencia. De hecho, la mayor parte del recorrido del filme circula entre la extrañeza, la estupefacción y finalmente, una perturbación algo terrorífica, sin abrazar con claridad los hospedajes del terror o la home invasion – su director maneja con precisión esa línea que finta con sobrepasar lo verosímil. Más difícil de justificar resultan ciertas decisiones de guion en ese esquema de verosimilitud: la excesiva ingenuidad de la familia huésped, la brillante inteligencia de la familia parasitaria, sus pocos tropiezos o dificultades en su plan maestro, y otros aspectos, como ciertos subrayados en el avance narrativo del relato.

Aunque lo más loable es esa capa crítica en forma de alegoría social que remite a Buñuel y con la que Bon Joon-ho dispone este tablero social definido por el dinero, donde unos actúan como emperadores y los otros de viles sirvientes. No hay clase media que quepa en esta retorcida historia donde los ricos se muestran ofendidos por el olor de los pobres, y donde los pobres se hartan de aceptar su condición de desigualdad. Aunque a su vez, Boon-ho opta por el distanciamiento moral con ambos bandos. No hay moralina ni moralismos que quepa en su cinta. Incluso,  equilibra la simpatía hacia sus personajes, siente cierta compasión por todos ellos, su acidez llega así a los estratos sociales que representan, pero no a sus inquilinos, porque para él, y el espectador, son aliados de una historia rocambolesca, pero de cierto calado y cierta singularidad en un mundo cinematográfico vaciado de esta. Desmedido favor para una Palma de Oro, pero peculiar y atractiva propuesta en una cartelera homogeneizada.

7


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