Crítica

Perdida – David Fincher

posted by Marc Muñoz 10 octubre, 2014 4 Comments
Degradación conyugal

Perdida Poster

Está fuera de discusión el papel capital que ha adquirido David Fincher dentro de la industria del cine norteamericano. Una posición labrada a lo largo de 22 años de carrera que le permite embarcarse en películas de encargo como la que ocupa sin perder la integridad, y sin perder su estilo. Con Perdida (Gone Girl) el director de Denver lleva a la gran pantalla uno de los fenómenos literarios más exitosos de los últimos años, la novela homónima que firma Gillian Flynn.

Siendo fiel al texto que toma como base, quizás por la presión de la propia Flynn ejerciendo de guionista, el director de Seven se adentra en esta misteriosa historia que envuelve a una pareja norteamericana prototípica que rehúye precisamente de esa imagen, y que arranca con la desaparición de ella tras cinco años de (aparente) feliz matrimonio. El estar en la inopia, el desinterés y la escasa preocupación  del marido harán que la policía y los mass media apunten hacia él como responsable de la desaparición, e incluso muerte, de su esposa.

Pero lo que en realidad late bajo este thriller orquestado alrededor de una gran incógnita es una afilada disección de un matrimonio en descomposición y los límites que puedes sobrepasar cuando pasas de un estado amoroso a la simple inercia, o aún peor, a la total indiferencia. La mirada de Fincher se vuelve retorcida a la hora de retratar los mecanismos de falsa apariencia que suelen apuntalar el techo (el falso techo) de buena parte de los matrimonios. Una descomposición de los votos adquiridos en el altar que se torna ácida, por momentos, incluso se presenta la unión entre dos personas como una farsa, una representación impostada que hay que llevar a cabo si se pretende mantener la sagrada comunión a salvo. Una mirada que prevalece especialmente en el último tramo de la película, cuando Fincher carga sus dardos, por momentos sobrepasando lo admisible y coqueteando con lo extraordinario. De ahí que a la película le hayan caído algunas comparaciones con filmes que ahondan en temática parecida, como el Eyes Wide Shut de Kubrick, un referente mucho más acorde a la estética y a las intenciones de Fincher que por ejemplo el trazo más realista de otro maestro, Bergman, en Secretos de un matrimonio.

Pero para el que escribe, aún resulta más interesante la inteligencia con la que su director aborda su crítica subyacente a los medios de comunicación. Ese juicio paralelo que lincha a su protagonista, Nick Dunne, en pos de audiencias millonarias, es algo muy presente en nuestros días y no exclusivo de los Estados Unidos. Casos cercanos como el de Rocío Wanninkof, Marta del Castillo o el de plena actualidad con la enfermera de Madrid que ha contraído el Ébola, es fácil sintonizar con la mirada ácida de un Fincher que presenta a la telebasura – pero cada vez más extendible a medios de comunicación generalistas- , y a sus responsables, como alimañas en búsqueda de la carroña que les proporcionen altas cuotas de share.

Aunque si hay algún caso real con el que la película traza puentes es el de la desaparición de Madeleine McCann. Las pistas, los misterios, las dudas notorias sobre la inocencia de los que denuncian la pérdida, los cabos sueltos, la mediatización del asunto, la irresolución del caso marcan también la primera etapa de la película, cuando un atolondrado Nick Drunne (gran punto de casting haber elegido a Ben Affleck para el papel) anda igual de perdido que la policía acerca del paradero de su mujer. Fincher se muestra realmente hábil enhilando el puzzle diseñado por Glynn, con un equilibrio muy mesurado, con los giros necesarios, rehuyendo cualquier tentativa de enroscar  la historia, y dosificando inteligentemente la información a través de un montaje sincopado, e incluso, haciendo uso del recurso Rashomon, al intercambiar el punto de vista de la narración, pasando de él a ella, un detalle que le sienta bien al relato y a su ritmo.

Son muchos los aciertos de la película: el estilo acurado, los tonos fríos al que la fotografía de sus películas se ha acoplado últimamente, la inquietante música de Trent Reznor y Atticus Ross, que subraya a la perfección la asonancia de  las notas turbadoras del relato, y un gran elenco actoral. Especialmente una Rosamund Pike magnífica en el papel de esa esposa ambigua.

En el otro lado de la balanza, el que contrarresta los aciertos, e impide estar ante una de las obras más celebradas en la carrera del autor de El club de la lucha, está un tramo final algo disparatado, en el que pierde por momentos el tono, coqueteando incluso con la sátira en ese empeño de presentar el matrimonio como una gran farsa. También se echa en falta el pulso más macabro, más siniestro y perturbador con el que Fincher nos ha recompensado en el grueso de su filmografía. Es como si buscara un continente apto para todos los públicos, y con ello, se contuviera en su exploración de la pareja protagonista, sin que por ello, el estilo se fugue. Es así un thriller muy bien ejecutado, que saca punta al material disponible, y atrapa al espectador en sus distintas fases del viaje. Quizás le falte ese plus de alguien de la entidad de su artífice principal, pero resulta un visionado altamente reconfortante para cuerpo y mente.

 

marco 75


4 Comments

Alberto Varet Pascual 18 octubre, 2014 at 21:57

Es una peli que tiene, a mi juicio, lo mejor y lo peor de Fincher: grandes estrategias narrativas para crear una peli hitchcockiana desde las imágenes digitales que no duran y se consumen sin pensar, y efectismo para intentar hacer pasar por posibles los imposibles puntos de giro (especialmente el último).

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Marc Muñoz 19 octubre, 2014 at 20:16

Me atrapa su dispositivo misterioso, pero en ningún momento lo puedo situar al mismo nivel que el del maestro Hitchcock. Así mismo, el giro final que mencionas, yo también lo encontré descabellado, y antes de éste, un par más, pero a su vez creo que de algún modo queda justificado cuando Fincher decide dar paso a la brocha gorda en el relato, para subrayar su acerada crítica a la institución del matrimonio y a los mass media. Yo lo vi, como un… “ok, la mayoría de matrimonios de la clase media norteamericana son una farsa, vayamos a subrayar, casi a modo teatral, esa escenificación falsa del matrimonio, más cuando las cámaras están con el Rec puesto”.

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Alberto Varet Pascual 19 octubre, 2014 at 22:39

Puede, pero como película sobre ese cambio que se da en cada matrimonio cuando se acaba la pasión y la relación tiene que convertirse en ‘algo más grande’ estaba representando de una manera mucho mejor y más viva en la, a mi juicio, infravalorada ‘To the Wonder’.
Me molesta que esta peli tenga que ser buena por sórdida y la de Malick mala por, voy a decir, bondadosa.

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Marc Muñoz 19 octubre, 2014 at 23:37

Sabes del amor incondicional que le tengo al Sr. Malick, pero To the wonder la encontré excesiva, a ratos risible (Bardem), y probablemente, sin poder nunca ser calificada de mala, la más floja de su trayectoria.
No creo que Perdida agrade por sórdida, precisamente, comparándola con la filmografía de su autor, la sordidez escasea, de hecho yo eche en falta apuntes más oscuros. Simplemente, creo que si está gustando, cosa que no ocurre con todo el mundo, es por su historia y la ejecución impecable con la que Fincher acostumbra a trasladar los relatos a la pantalla, y algunos, como en mi caso, valoramos también ese plus de crítica que aflora a lo largo del metraje. Pero quizá lo más meritorio que le encuentro, en mi caso, sea presentar un embalaje mainstream sin perder esa seña de autor, que precisamente, con eso, si quedaría hermandado con Hitchcock.

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