Crítica

Quién te cantará – Carlos Vermut

posted by Marc Muñoz 25 octubre, 2018 0 comments
Fantasmas heridos

Quién te cantará

Desirée de Fez, en su entrevista con Carlos Vermut en la Rockdelux de Octubre, señalaba que el cine del director madrileño ‘toca lo cotidiano, a la vez que lo observa desde una altura inquietante’. Una marca, de otras varias, que sigue prevaleciendo en un tercer largometraje que corrobora las voces que llevan un tiempo anunciando a Vermut como uno de los pulsos autorales más convincentes de nuestra geografía

En Quién te cantará, el español aborda la intensa relación entre dos almas varadas, descosidas y desorientadas. Por un lado, Lila Cassen (Nawja Nimri), una estrella de la música venida a menos que pierde la memoria debido a un trágico incidente justo cuando preparaba la que iba a ser su gira de regreso a los escenarios. En el otro lado, Violeta (Eva Llorach), una fan e imitadora de la primera, amoratada debido a una existencia gris y al maltrato psicológico a la que la somete su hija, que es solicitada para ayudar a la primera a recobrar su esplendor artístico.

Bajo esta premisa, el de Magical Girl dispone un magnético juego de espejos entre dos mujeres de afecto requerido y heridas abiertas. Un ensortijado proceso mimético y transferido, con sus rituales vampirizados, que conlleva un resorte transformador para las implicadas. Cautivado por el nexo de unión con la música y la química generada entre las dos mujeres – fuentes reveladoras de sus impulsos más profundos, frustraciones, penas y deudas con el pasado- Vermut envuelve su relato con una textura fantasmagórica que revela y potencia el misterio inherente a la historia. De nuevo el enigma como el potenciador dramático escurridizo de sus imágenes, y señal definitoria de su cine.

Porque la grandeza de la obra radica en articular su lenguaje desde la elegancia más pura, el tacto sutil,  y un modelo cercano al clasicismo (no entendido como la mera copia, sino como una exploración novedosa desde su base). Así, las emociones ocultas, las pasiones, los miedos y las complicidades se revelan desde un mayestático subtexto plantado para el uso (en activa) del espectador, quien, reforzado por la calculada puesta en escena y los diferentes elementos cinematográficos, llena de significado lo que se oculta en los gestos, las acciones, las miradas, las canciones y las escuetas frases de los personajes. En ese sentido, Quién te cantará ofrece más salidas al espectador que anteriores obras más herméticas y frías de su autor. Su acople sobre un desarrollo más clásico, ayuda a que este sea su trabajo más comprensible, pero también, su canto más memorable y hermoso.

Una belleza corpórea, desplazada a plano sensorial en la recepción, que lanza la obra a su perdurabilidad en nuestra cinematografía. Las cualidades estéticas de Quién te cantará ofrecen momentos de una belleza arrebatadora. Hay instantes de encuadre: la secuencia giratoria donde la confusión de personalidades e identidades desemboca en un preciosa elipsis, o esa secuencia cerca del mar con los roles intercambiados. En definitiva el filme fortalece su magnetismo con los contornos fantasmagóricos de elaborada y reflexionada ejecución.

No son pocos los que han querido ver en la última obra del cineasta español un trasunto del Persona de Bergman bajo parámetros y referencias patrias que van más allá del cine de Almodóvar – el propio Vermut, en la entrevista que le realizó Alberto Varet, asume el programa Hermano mayor como una inspiración para el relato crudo, feista y alejado de la fantasía de la trama principal, el que incumbe al personaje de Eva Llorach y su  hija maltratadora. Aunque también se aprecia la sombra del Hitchcock de Rebeca, la de Xavier Dolan, o el Arrebato de Zulueta. Vermut combina una amplia paleta de referencias, combinadas bajo ese prisma de autenticidad que lo está encumbrando  como una de las voces más personales de nuestro cine.

Y la defensa más incuestionable para la última sentencia es su último film. Quién te cantará es una obra fascinante e hipnótica, mecida por una conjunción de elementos cinematográficos de altura (la partitura de Alberto Iglesias, la excelsa fotografía de Edu Grau, las magnificas interpretaciones del elenco femenino, la música de Nawja Nimri y Eva Amaral) y guiados por el tacto exquisito de un autor que consigue hacer brotar considerables cantidades de emoción desde los mecanismos más insondables y ocultos. Al igual que el misterio de sus películas, la magia de la película procede de un lugar indescifrable pero maravilloso.

8


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