Crítica

Rams (El valle de los carneros) – Grímur Hákonarson

posted by Alberto Varet Pascual 16 noviembre, 2015 0 comments
Trasquilar la verdad

Rams El valle de los carneros

‘En Hollywood, a la gente le gusta hablar mucho sobre películas que ganan premios en los festivales, pero no les gusta verlas’. Esta frase de David Michael Latt, cofundador y director de la productora independiente norteamericana de cine de género The Asylum, podría aplicarse a la perfección para describir la naturaleza de Rams, un film que parece diseñado para conquistar reconocimientos en eventos cinematográficos internacionales al situarse a medio camino entre lo audaz y lo cobarde, lo original y lo ya visto, lo entretenido y lo aburrido, lo simpático y lo abúlico… En fin, una de esas obras que pueblan Cannes y que son aplaudidas por un público que parece no haber visto nada en los últimos 30 años.

Porque el largometraje del islandés Grímur Hákonarson te pone en alerta desde su mismo arranque: una sobadísima imagen bucólica con casa y cabritas al fondo. Un plano largo en escala y duración que nos transporta automáticamente a la carrera de tipos como Nuri Bilge Ceylan, pero que aquí ni siquiera se acerca a lo que hace el sobrevalorado cineasta turco, pues, al final, no se trata tanto de introducirnos en el interior de ese mundo rural como de contar una historia sin demasiado interés.

La sonrisa de medio lado de todos esos espectadores que adoran estar frente a personajes más pobres que las ratas para sentirse en la creencia de tener un corazón humilde hará aparición a lo largo de esta obra de catálogo de festival o de sala Golem. Un film ‘Carlos del Amor’, como suele decir el que esto escribe, que juega superficialmente sus personalísimas cartas mientras mira de reojo que nada del dispositivo se salga realmente de lo convencional.

Rams, efectivamente, pertenece a esa trillada liga de la película a medio camino entre la ficción y el documental, aunque sin establecer una mezcla verdaderamente viva, orgánica. Es, más bien, el punto de partida de un trabajo muy convencional donde el uso del sonido ambiente no sirve para llevarnos lejos en nuestro sentir, o los planos largos no extraen nada del vacío vital que pretenden cazar. La orquestación (con gusto, eso sí) del director trasquila la viveza del material y la originalidad del resultado final.

Y es una pena, porque para alguien de nuestras latitudes, el acercamiento a este universo debería ser, al menos, doblemente interesante ya que, por un lado, la cinta nos lleva hasta un espacio muy lejano que se presenta exótico a nuestros ojos y, por otro, podemos relacionar la labor de los personajes con la de cualquier pastor ibérico. Incluso establecer puentes con otras producciones similares, como el documental Volta à terra, del portugués João Pedro Plácido, una realización muy superior a la que nos ocupa, también presentada en Cannes, pero que, sin embargo, sigue sin distribución en nuestro país.

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