Crítica

Rompenieves (Snowpiercer) – Bong Joon-ho

posted by Marc Muñoz 20 mayo, 2014 0 comments
Tren bala al infierno

Cartel Snowpiercer

Parece que la selección natural ha hecho su trabajo con toda aquella explosión del cine asiático que nos golpeó hace unos años, permitiendo que solo los cineastas más aptos, o las obras más contrastadas – en el ámbito comercial, luego está la cuota de autor, que es prácticamente invisible ahí de dónde proceda – alcancen las carteleras internacionales. Es el caso por ejemplo del coreano Bong Joon-Ho que se destapó con uno de los thrillers más absorbentes de los últimos años, la estupenda Memories of murder, y que ahora vuelve con su proyecto más ambicioso, el primero rodado en inglés y con reparto internacional, y la producción más costosa de Corea del sur, así como todo un éxito de taquilla en su país de origen.

Todo ello transportado en este Rompenieves  (Snowpiercer) que adapta de forma libre la historieta homónima de tres volúmenes de Jacques Loeb y Jean-Marc Rochette, en la que se plantea una humanidad a las puertas de la extinción. En este escenario los únicos supervivientes se congregan en un tren autosuficiente y dividido en estamentos – la clase alta en los vagones delanteros, y la baja ocupando las partes de la cola – que da vueltas en círculo por un planeta helado y apocalíptico.

Esta premisa, muy manida en el campo de la sci-fi, Bong Joon-Ho la logra convertir en una excepcionalidad en el momento en que la acoge a través de una forma deslumbrante, y un fondo que permite la lectura a través de varias capas.

En su planteamiento estilístico, el director de Mother, no esconde su claudicación al lenguaje del videojuego: construyendo la narrativa mediante el avance de los protagonistas sublevados por los diferentes vagones, con la misión de llegar hasta el último, una ultima fase donde les espera el último obstáculo, el enemigo final, ese especie de semi Dios de esta civilización artificial y autosuficiente. No solo su esquema narrativo incurre a las pantallas de un videojuego, en el que cada vagón es concebido como un microuniverso distinto al anterior y en el que se plantea un nuevo desafío a los protagonistas, también hay ciertos ángulos y movimientos de cámara que parecen emular el scroll lateral de los videojuegos de la época de los 16bits, y que con tanta desenvoltura utilizó el propio Park Chan Wook en una de las escenas clave de Old Boy.

Aunque el tren que pilota el coreano reluce más allá de su estilo barroco, su incesante ritmo y ese peculiar humor oriental de difícil encaje, de hecho, uno de sus grandes aciertos es haber conseguido esparcir en una películas de estas características – un blockbuster llegado a nuestro país como tapada cinta de culto (curiosa transformación) – toda un artillería crítica, desenvuelta como una alegoría política del capitalismo, con su funcionamiento de clases, las necesarias diferencias entre el sur y el norte, así como de sus consecuencias, y los mecanismos internos e inherentes para mantener el status quo: “es necesario que todo cambie para que todo siga igual”. Pero el filme permite incluso descubrir nuevas miradas, con un giro final que elude a interpretaciones más metafísicas, incluso de carácter religioso y existencial. Algo poco usual, y que uno agradece encontrar en un trepidante viaje que en ningún momento olvida el ritmo o se aleja del espectáculo para dar cabida a estas lecturas alejadas de la superficie.

Bong Joon-ho ha diseñado un vehículo de acción fantástico cargado de alicientes y aciertos, que te transporta  al bordo de un intenso viaje, con unas prestaciones fascinantes, y rodeado por un elenco actoral que funciona a la perfección, especialmente por un Chris Evans que sorprende por su solidez en su rol de protagonista. Un filme para ser disfrutado a distintos niveles, en todos ellos, de manera ejemplar, y que en lugar de ser la excepción, debería marcar más el camino de cómo desarrollar películas de acción y de ciencia-ficción con ínfulas de blockbuster, sin dejar de lado el trasfondo ni el contenido.

 marco 75


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