Crítica

Salò o los 120 días de sodoma – Pier Paolo Pasolini

posted by Marc Muñoz 30 agosto, 2011 3 Comments
El vestíbulo del infierno según Pasolini

Meter medio pie en Salò o los 120 días de sodoma es como entrar en un callejón oscuro y estrecho del que no se puede retroceder. La película de Pier Paolo Pasolini sigue manteniéndose a día de hoy como una de las obras más polémicas, fustigadas, malditas y reprochadas de la historia del cine.

La obra póstuma del cineasta, poeta e intelectual italiano no puede analizarse desde los mismos parámetros fílmicos con los que observamos la mayoría de películas que por aquí pasan (motivo por el que más abajo no encontrarán ninguna nota). El brutal ritual de aberraciones sexuales y físicas a la que nos somete resulta indigeridle para el espectador medio, y para el más curtido. La ráfaga visual de Pasolini puede aturdir y hacer tambalear las tripas más fuertes y castigadas. Su arrollador discurso moral y feroz crítica tampoco embalsan el visionado del mismo.

El director de Medea parte de Las 120 jornadas de Sodoma del Marqués de Sade para trasladarlo en imágenes. Mueve la acción de la Francia del S. XVIII a Salò de 1944 (último bastión nazi en Italia) y transforma los nobles absolutistas de la novela sadina en verdugos nazi-fascistas. Los directores de orquestra de esa orgía de terror, sangre y sexo son cuatro personajes, cada uno representante de un poder  (judicial, político, ejecutivo y eclesiástico), que deciden encerrar a unos jóvenes virginales en una mansión. Allí los muchachos son obligados a satisfacer los enfermos deseos de los que ostentan el poder, que lo imperan, y lo ejecutan mediante el uso de la fuerza. A partir de ahí, el filme pasa por un carrusel de atrocidades que se enmarcan dentro de un esquema narrativo sintetizado y dividido en capítulos: Vestíbulo del infierno, círculo de las pasiones, círculo de la mierda (resultando este pesadamente crudo) y el círculo de la sangre, dónde el regocijo enfermizo alcanza cotas insufribles.

Tras toda esta maquinaria de horror y salvajismo, Pasolini articula un discurso severo y extremo en el que lanza toxinas contra el poder, la degradación humana como paso necesario para someter a las víctimas, y expone el placer que subyace en hacer el mal, más que procurar el bien. Y aspectos más rebuscados como la articulación anarquista del poder. En resumidas cuentas Saló puede entenderse como una insoportable parábola sobre la barbarie nazi y fascistas de los años cuarenta, de donde se ramifican varios temas que preocupaban al director.

Múltiples lecturas y muchas capas de fuerte contenido en las que se puede deshojar en este filme, y como el propio Pasolini aventuraba quizás ni público ni crítico puedan estar dispuestas, o sea capaces de ello.

El director moriría asesinado cinco días después del estreno, en unas circunstancias que generan aún hoy muchas incógnitas. Un final macabro para un director incorregible, y que puso su carrera al límite con esta obra póstuma. Circunstancias que ayudaron a convertir a esta cinta en una pieza maldita.

No se puede recomendar a nadie someterse voluntariamente a este ritual atroz de vejaciones y atrocidades, pero una vez, pasada la tormenta y aclarado el asqueamiento, también es verdad que Pasolini volcó en ella muchas luces interesantes. Y que tras su visionado a uno le entran las imperiosas ganas de seguir deshojando la obra con reflexiones posteriores y rebuscar información complementaria.

Salò o los 120 días de sodoma está editada por Avalon en la prestigiosa y detallista colección de la Filmoteca FNAC. En sus extras se incluye un documental sobre el trabajo de Pasolini y testimonios varios del rodaje y lo que supuso la película.


3 Comments

José Luis Muñoz 1 septiembre, 2011 at 20:39

Salo de Pasolini es una película que hoy, sencillamente, no se hubiera rodado. Ciertamente es una de las películas más extremas de la historia del cine. La vi cuando se estrenó y no tengo valor, ni estómago, para revisarla. La ferocidad del discurso de Pasolini contra el poder absoluto seguramente fue causa de su violenta muerte. Pasolini fue siempre un cineasta incómodo que superó todos los límites de la permisividad. Lo dicho, esta película sería impensable hoy en día, lo que da una idea del proceso regresivo de la sociedad.

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Marc Muñoz 3 septiembre, 2011 at 19:15

Estoy de acuerdo con que hoy en día esta película nunca se hubiera rodado. Más si valoramos la polémica y cacería a la que han sido sometidos filmes recientes de caracter extremo como A Serbian Film o Anticristo.

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El perturbador Pier Paolo y su eterno retorno | YPTP 3 junio, 2014 at 13:05

[…] vez vista Salò, difícilmente Pier Paolo Pasolini logrará escandalizarte. Sin embargo, siempre resulta un gozo […]

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