Crítica

Spotlight – Thomas McCarthy

posted by Marc Muñoz 26 enero, 2016 0 comments
Todos los hombres valerosos

Spotlight cartel

No hay demasiadas películas que tras su visionado desprendan una capa reconfortante respecto a la propia obra así como al ámbito o colectivo que en ésta se retrate. En una inusual doble pirueta Spotlight hace recobrar el aliento hacia el sistema de estudios, a la vez que hace lo propio con ese periodismo de investigación que modula la propuesta de Thomas McCarthy. Aunque no es más que un espejismo, una gota anómala en un océano hollywoodiense atascado en la escasez de ideas y los remakes. Ni el periodismo, sobrepasado por la irrupción de internet e intoxicado por la asimilación de líneas editoriales impuestas por grandes grupos de comunicación y/o corporaciones, ni Hollywood, parecen encaminados al esplendor de tiempos más dignos. Aunque de vez en cuando se dan gratas excepciones, como Spotlight, que incluso se cuelan en la lucha por el Oscar.

El norteamericano Thomas McCarthy aparca (¿momentáneamente?) su idiosincrasia de cineasta indie para abrazar el que hasta la fecha es su proyecto de más envergadura. Un Spotlight que relata las intensas jornadas del equipo de investigación del Boston Globe para destapar los caso de pederastia que salpicaron a los curas de Massachusetts a lo largo de décadas. Una sonada noticia merecedora del Pulitzer que sacudió los cimientos de la Iglesia católica cuando pasó por imprenta en 2002.

El trabajo de McCarthy es de los que la mínima impronta del máximo artífice beneficia a todo el conjunto. El director de Win Win se aplica el rol de artesano hollywoodiense de antaño – o la posición del editor firme pero distante que interpreta Liev Schreiber – para dejar que el relato se construya en su mejor versión a través de un guion modélico, unos diálogos chispeantes, y especialmente, con el desempeño actoral de un reparto de ensueño: Michael Keaton, Mark Ruffalo, Rachel McAdams, John Slattery, Liev Schreiber, Stanley Tucci, Billy Crudup. El norteamericano prefiere dejar su influjo simple pero eficaz como realizador en un segundo plano, para ceder el protagonismo a ese núcleo, configurado por un guion brillante y las superlativas actuaciones, del que brota la emoción y el interés que alberga la propuesta.

Uno de esos trabajos a los que cuesta asignar sus logros y virtudes, pero no tanto como encontrarle algún traspiés a una narración clásica de extrema consistencia, practicamente impecable. Una de esas virtudes es la capacidad de McCarthy para traspasar al espectador el entusiasmo e inspirado trabajo que desempeñan los periodistas que protagonizan su relato. El film ahonda en la rectitud (incluso terquedad) de unos personajes que no se doblegan ante las presiones internas y externas que los invitan a dejar pasar la espinosa historia que persiguen a tiempo completo. Pero también es hábil reproduciendo todo el esfuerzo contagioso que llevan a cabo para hallar la verdad del caso. Unos valores admirables que impregnan los fotogramas sin necesidad de moralinas, ni subrayados de ningún tipo, ni de acelerones o clímax, simplemente con el acercamiento próximo, respetuoso y acurado a unos personajes que parecen, como el género y el tono de la obra en cuestión, estar en vías de extinción.

Resulta inevitable que durante su visionado no haga acto de presencia Todos los hombres del presidente de Alan J. Pakula, un filme al que McCarthy se acerca tanto temáticamente, como por género cinematográfico (el drama periodístico) como incluso con ciertos recursos estilísticos aplicados en la textura – ese grano en la imagen, los colores opacos – y aspectos de realización. Un referente evidente que McCarthy no puede declinar, sin que ello le reste valor a su propuesta, porque poner su vehículo en los raíles de un Hollywood que servía relatos de una intensidad y entusiasmo elevado, sin rastro de nostalgia edulcorante, es adoptar un compromiso inteligente.

marco 75


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