Crítica

Stoker – Park Chan-wook

posted by Marc Muñoz 6 mayo, 2013 0 comments
La sombra de un despertar

Stoker

La primera incursión del coreano Park Chan-wook en territorio norteamericano (a la que bien seguro le seguirán otras) se salda con Stoker.  En su toma de contacto con la industria del cine norteamericana, el que pusiera el cine coreano en boca de todos con la salvaje y punzante Old Boy, se desvincula de las temáticas y el estilo formal que sobrevuelan el grueso de su filmografía para acercar la historia de India Stoker, una adolescente callada y perfilada por el canon burtiano, que pierde a su padre el día que cumple 18 años. En su funeral, irrumpe inesperadamente Charlie (el hermano de su padre), quien se quedará cuidando de la chica y de su madre. Lo que empieza como una relación de recelo hacía su tío, pronto se transforma en una de más calado para todas las partes implicadas.

Dejando a un lado su obsesión por la venganza y el estilizado tratamiento de la violencia que ha venido aplicando a buena parte de sus películas, wook se embarca en este encargo, con guión de Wentworth Miller, para narrar las inquietudes de esta adolescente ante la llegada de este extraño familiar que cambiará la vida de las dos mujeres de la casa. Presentado como una intriga de tintes góticos y pesada sombra del rey del suspense (desde Psicosis a Rebecca, pero especialmente La sombra de una duda)  lo que en realidad esconde el filme es el despertar sexual de una joven, cuyo clic vital, y juego de pulsiones y pasiones, lo estimula la mezcla de temor, atracción y misterio que representa el personaje de su tío, y sus misteriosas intenciones.

Un núcleo narrativo al que Park Chan-wook dota de un envoltorio, a todas luces, atractivo, misterioso e hipnótico. En ese sentido, el director de Thirst factura con un vistoso empaque todo el riego narrativo, potenciando la historia con ese look estilizado y favorecedor. Una técnica y originalidad visual que deja patente solo arrancar la película con los títulos de crédito, y que repetirá en otras secuencias brillantes que resplandecen y cautivan fácilmente al espectador.

Al apartado visual, hay que sumarle la solvente partitura de Clint Mansell, y especialmente un casting convincente que complace el dibujo de todos los personajes. Tanto Mia Wasikowska en el papel de esta chica seducida y atemorizada a la vez ante la nueva tesitura familiar, como Matthew Goode en la piel de este tío que esconde secretos o Nicole Kidman resplandeciente en su papel de viuda arpía. Un papel que le va como anillo al dedo, más tras sus desafortunadas visitas por quirófano. De forma consciente, o accidental, Park Chan-wook establece un vínculo físico entre Nicole Kidman y la también retocada Lana del Rey a través de una secuencia en que la primera se besa con el personaje de Matthew Goode mientras de fondo suena “Summer Wine” de Nancy Sinatra y Lee Hazlewood, tema que Lana del Rey versionó hace unos meses en compañía de su actual pareja.

Anécdotas aparte, la cinta del director de Symptahy for Mr. Vengeance presenta algunas debilidades: una intriga que desarrolla sin ponerse a la altura de las expectativas fraguadas en el primer tramo, un par de giros que no terminan de cambiar el signo de esa sensación, y quizás esa idea de que en realidad su historia está más cerca de un culebrón, de un melodrama de tarde pero empaquetado con cierto atino y look resultón. Y resulta una lástima, o puede que no, ante la incerteza de una posible secuela (sabida es la predilección de Hollywood por dejar la puerta abierta en caso de que…), que la película termine con una nueva versión de Indian Stoker tan mejorada, mucho más desatada y atractiva para los amantes del celuloide exploit, manchada de sangre, inocencia y perversión.

No creo que Stoker haya que incluirla en los filmes menores del director surcoreano, porque se presenta como un filme apetecible, amoldado a las directrices de Hollywood pero en la que Park Chan-wook consigue dejar cierta pátina personal, lo que se traduce en un filme de degustación extraña e imprecisa, que dibuja personajes excéntricos y atmósferas enrarecidas, y que traslada lo gótico, y cierto anclaje del género del terror y el suspense a un cuento familiar dentro de lo más común. Quizás en su anormal equilibrio de referencias dispersas esté su mejor logro.

6,5

 


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