Crítica

The Diary of a Teenage Girl – Marielle Heller

posted by Marc Muñoz 19 noviembre, 2015 0 comments
Una fresca mirada frontal

The Diary of a Teenage Girl

El seno de la industria norteamericana, aún más su periferia, ha encontrado en el subgénero coming-of-age (tanto en su aceptación cómica como en la dramática) una generosa fuente de recursos. No hace falta retroceder demasiado la vista para dar con valiosos ejemplos: The King of Summer (2013), Las ventajas de ser un marginado (2013), Las vidas de Grace (Short Term 12) (2013), Boyhood (2014), o este mismo año Dope y Me, Earl and the dying girl, confirman que el cine estadounidense, y especialmente desde las trincheras del indie, anda abonado a proyectos que abordan el tránsito de la adolescencia hacia los estadios donde el espíritu juvenil cobra forma estable y es aplacado en cierta medida.

En este concurrido escenario resulta difícil sobresalir, pero también no quedarse en la mirada arquetipa ni recurrir las mismas cuestiones argumentales. Lo intenta Marielle Heller con la que supone su ópera prima, The Diary of a Teenage Girl, la cual se presente bajo los esquemas preconcebidos por el género en su faceta más “indie”: adolescente poco popular que lleva a cabo un viaje de autoexploración con la ayuda de un adulto, que no es otro que el novio de su madre. Pero a su vez consigue desmarcarse gracias al atrevimiento y la franqueza con la que la directora norteamericana aplica su mirada alrededor de esos manidos temas.

El trabajo de Heller remite de inmediato a otras films de tiraje indie que apoyan su continente en la estética del universo cómic, mezclando la imagen real con animaciones inspiradas en las viñetas. Ghost World, con la que también comparte inquietudes en la exploración de los personajes, y American Splendor, son dos claros referentes para el debút de esta joven directora. Pero lo aquí interesante es que la debutante no utiliza la animación para subyugar en esta los temas más espinosos o controvertidos, o bien como paisaje de escape ante la realidad disconforme del personaje central, una Minnie Goetze que interpreta con carisma Bel Powley, sino como un añadido cómico al esquema dramático impulsado por las imágenes, un respiro con el que de paso aporta textura indie a la película, y que queda justificado con la afición de su protagonista al dibujo y al cómic.

Aunque si por algo destaca, sorprende y encandila este opera prima es por la honestidad que desbordan los conflictos que atañen a los personajes. Heller aborda con pasmosa claridad y franqueza todas las cuestiones de identidad sexual y los desvaríos hormonales que afectan a Minne, sin rehuir nunca temas polémicos como el pseudoincesto, diálogos subidos de tono, y una decadencia del mundo bohemio propio de la época en que se emplaza la historia – el San Francisco de los años 70 – salpicada por las drogas y las relaciones promiscuas.

Todo este contenido “salvaje”choca con el esquema clásico que presenta la película, y en lugar de canalizarlo a través de la animación, Heller opta por ir de cara dando una visibilidad de los quehaceres emocionales y sentimentales de esta adolescente que resulta realista, íntimo y entrañable.

Una sensación volcada en los fotogramas con una aportación muy significativa de las notables interpretaciones que configuran ese triángulo amoroso imposible y no destapado compuesto por la madre, el novio y la hija, a los que dan réplica de forma ejemplar, Kristen Wiig, Alexander Skarsgard y Bel Powley.

por el momento todo ese esfuerzo ha venido recompensado con la incursión en la sección oficial del Festival de Sundance y la nominación a cuatro premios en los Gotham, incluyendo mejor película y actriz. El viernes será momento para valorar cómo encaja este valiente, personal y fresco retrato de una adolescente atípica en la cartelera española.

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