Crítica

The Forbidden Room – Guy Maddin, Evan Johnson

posted by Alberto Varet Pascual 25 marzo, 2016 0 comments
Una dualidad imposible

The Forbidden Room

Regresó en 2015 el inclasificable (o no tanto) cineasta canadiense Guy Maddin, y lo hizo con otra obra personalísima que cuenta con la colaboración en la dirección de Evan Johnson, su operador de cámara en My Winnipeg (que fue contratado en principio sólo para la búsqueda de material), y la presencia en el reparto de nombres como Mathieu Almaric, Udo Kier, Charlotte Rampling o Maria de Medeiros. Una distancia mediática, la existente entre el codirector y las estrellas invitadas, que pone en liza la dualidad extrema sobre la que se cimenta una película que va de lo parido desde las entrañas (la parte experimental, super maddenesca a pesar de la labor a cuatro manos) a lo tradicional (la vertiente puramente narrativa de la cinta). Un binomio imposible (otro más) perpetrado por el autor de The Saddest Music in the World, tan valiente y hábil para el mestizaje asombroso como conservador en la excesiva naturaleza narrativa de un trabajo que acaba por resultar (como casi siempre en su filmografía) una nimiedad a la vera de la siempre alargada sombra de Godard.

El punto de partida es, cómo no, fascinante: Maddin y Johnson comenzaron hace un tiempo a idear un dispositivo para hacer ‘arte en Internet’ llamado Seances (que quizás veamos en 2016) con la intención de dar cuerpo a los fantasmas de la Historia del Cine mediante la recreación lúdica de escenas de viejas producciones (mudas y del primer cine sonoro) perdidas en el tiempo. Ese esfuerzo ha dado a luz, en primera instancia, a una versión comprimida del citado estímulo que lleva por nombre el título de una de las obras perdidas de Allan Dwan: The Forbidden Room.

La habitación perdida propuesta por Maddin se despliega sobre sí misma durante el metraje a través de la diversidad de sus escenarios, sus efectos lumínicos sorprendentes y una edición tan generosa como la cantidad de referentes puestos en juego. El material se desplaza entre géneros de forma tan dulce como un sueño. Siempre en fuga, los instantes son como los filmes anhelados, que se escapan constantemente de nuestras manos, de nuestras retinas. Pero esta capacidad de evasión choca frontalmente con una trama lineal, moldeada por gestos académicos (planos largos que pasan a otros cortos para acabar con un plano/contraplano), y el intento de evitar lo ya visto mediante una trama estúpida y surrealista no impide que nos sintamos muy lejos de llegar a la sensación onírica deseada, por mucho que sus creadores se agarren a la hibridación y los juegos lingüísticos de Italo Calvino, Raymond Roussel y Las mil y una noches.

Las secuencias fluyen entre ellas con maestría, pero pierden su esencia libertaria al verse obligadas a pasar por el aro de la susodicha historia, que nos lleva desde la introducción basada en una película explotation de Dwain Esper llamado How to Take a Bath (metáfora de la sumersión que vamos a vivir) al interior de un submarino con una tripulación a la búsqueda de la reliquia cinematográfica. A partir de ahí, paseos por el cine de volcanes del tipo Stromboli (con un elemento amnésico de por medio, por supuesto), el cine negro, el de aventuras o el melodrama familiar. Todo ello satinado con apariciones estelares que, como decíamos, no hacen sino dejar patente una determinada servidumbre que un auténtico explorador del inconsciente jamás hubiera aceptado. Unas interpretaciones, además, más cercanas al cameo que a otra cosa, con lo que da la sensación de estar más ante un divertimento ‘Saturday Night Live‘ (justo lo que los autores pretendían evitar) que frente a un dispositivo capaz de poner en cuarentena esa condición de estrella que cada artista invitado lleva consigo.

Tan proustiana y godardiana como académica, falta de densidad y repetitiva, The Forbidden Room es otra muestra más del cinéfilo enloquecido que Guy Maddin es, pero, asimismo y por desgracia, del mal endémico que padece su (el) cine cuando se ve obligado a contar una historia como si su existencia de ello dependiera.

6


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.