Crítica

The Yellow Sea – Na Hong-jin

posted by Marc Muñoz 7 enero, 2012 0 comments

Persecución sin respiro

 

The Yellow Sea

Ahora que definitivamente el cine asiático ha dejado de ser un recurso recurrente para exhibidores y distribuidores empecinados en proyectar todo el material de esas tierras sin plantearse ningún tipo de filtro cualitativo, resulta aconsejable pararse y contemplar las escasas propuesta que nos llegan desde esas procedencias, más si aúnan la calidad de la coreana The yellow sea.

Tras llamar la atención de medio mundo con su opera prima The Chaser, Na Hong-jin recupera los ingredientes arrojados en ella para levantar su segunda película. The yellow sea es un frenético thriller con surcos sociales ambientado en la ciudad de Yanji, enclave fronterizo entre China, Corea del Sur y Rusia donde la mitad de la población vive de actividades ilegales fomentadas por la mafia local. En este contexto se sitúa el protagonista de la cinta, un humilde taxista que malvive intentando pagar la deuda que contrajo con la mafia local para que su mujer pudiera huir a Corea en búsqueda de una vida mejor. Por eso, cuando el jefe de la mafia le propone saldar su deuda si a cambio cumple con un asesinato por encargo, el taxista acepta desesperado la oferta. A partir de ahí las cosas se complican y es engullido por un entramado de criminalidad que provocará un tremendo baño de sangre.

Mediante este tejido narrativo Na Hong-jin articula un trepidante thriller en el que el protagonista se ve atrapado, y solo, ante una avalancha de criminalidad que se cierne sobre él. Empujando al espectador con él hacía un viaje de supervivencia, traición y sangre en un clima corrompido.

En esas circunstancias no debería extrañar que gran parte del metraje se invierta en enseñar al personaje interpretado por Ha Jung-woo (villano en The Chaser) envuelto en persecuciones al límite lanzadas por las bandas criminales que se cruzan a su paso.

Todo este contenido de thriller de alto voltaje con persecuciones viscerales, de desgarro realista, y antónimo a la coreografía de postín y los golpes WWF que nos llegan desde Hollywood, está aderezado además con un contenido social, de paisajes urbanos destartalados, de cuerpos tullidos y maltratados, de habitaciones cochambrosas y de fuerte hedor.

Sus puntos de referencia beben tanto de las persecuciones crudas y realistas de Michael Mann con enfoque digital en la textura fotográfica, hasta de la violencia desgarrada en trompa y con mucha arma blanca del Park Chan Wook de Old Boy. Con ambos lazos referenciales liga el ritmo frenético, la estética y los golpes de realismo feroces y contundentes.

Pero no todo brilla con la misma intensidad. Pese al acertado despliegue de medios a su alcance, Na Hong-jin se envalenta demasiado con la duración de la cinta, y en ocasiones el ritmo se resiente. También hay algunos pasajes en que la historia se reviste con tonos algo confusos.

Con esta cinta de cine negro social, descarnado y sin concesiones ni pausas, Na Hong-jin vuelve a poner sobre el mapa el cine coreano, y se posiciona a si mismo como uno de los exponentes más fiables, al menos, en el género del thriller de persecuciones que te deja sin aliento.

marco 75 


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