Crítica

Tommaso – Abel Ferrara

posted by Marc Muñoz 18 junio, 2020 0 comments
Autoexorcismo en Roma

Abel Ferrara, uno de los outsiders más insobornables de la escena artística neoyorquina y estadounidense, decidió hace unos años abandonar su Nueva York natal para instalarse en Roma. En esa mudanza vital (cuyo arrastre se ha dejado notar en lo profesional), el polémico director aparcó su dependencia a la bebida y abrazó el budismo. En la misma plaza donde se ubica su domicilio romano tiene su residencia Willem Dafoe, quien se ha convertido en el actor fetiche del cineasta del Bronx en esta nueva etapa en suelo europeo, alejada del caos, las sombras pronunciadas y las adicciones neoyorquinas.

Y no cabe duda de que varios de estos lances vitales quedan reflejados en el personaje al que da vida Willem Dafoe: un artista estadounidense, ex adicto, que vive en Roma con una pareja menor que él y la hija de esta. Mientras disfruta del alejamiento de sus fantasmas pasados, se remueve en su interior otra fuerza igual de incisiva, tóxica y poderosa que la droga, los celos agravados por la distancia de edad que le separan de su bella compañera.

El director de Bad Liutenant construye aquí un sincero autoretrato de su último gran trance personal mediante este poderoso personaje que edifica Dafoe partiendo como un alter ego del director. De hecho, la película puede entenderse tanto como un autoexorcismo (ya ocurría en El oficial y el Espía de una forma menos confesional) como un estudio sobre el sexo y su propulsión arrolladora, y, especialmente, sobre los celos y los perversos mecanismos mentales y sanguíneos que agita la sospecha de infidelidad. Así, el filme vacila entre las fabulaciones del receloso y obsesivo protagonista y la cotidianidad del foráneo en una Roma capturada por una luz que parece combinar la oscuridad característica del cineasta de El funeral con la del cine de autor europeo.

De hecho, el cambio de domicilio postal no afecta severamente a su estilo y a esa inherente provocación, pese a que sí que se intuye un pulso más domado. Parece que el  Bertolucci de Tú y yo y la Roma de Fellini se filtran en la paleta estética de la obra.

Tommaso se presenta así como una obra confesional incomoda, donde el propio autor expone sus pecados y su reconocida vida como un intento de expiación a través del celuloide. En el que además se lanzan enigmáticos lazos hacia obras colindantes y hermandadas, como su última, Siberia, donde repite con Dafoe. Es un visionado de cierta fascinación insondable, y que pone de manifiesto que la bestia, pese a no morder con la ferocidad de antaño, sigue sin estar domada en su nueva realidad en la capital italiana.

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