Crítica

Truman – Cesc Gay

posted by Marc Muñoz 29 octubre, 2015 0 comments
Lealtad perruna

Truman

Con una carrera edificada sobre historias mínimas de ámbito urbano, con poca pretensión artística, pero de una frescura y un realismo luminoso, apoyadas principalmente al guión y las interpretaciones, Cesc Gay se ha posicionado como uno de los directores más solventes del cine español actual. Una opinión que podría generalizarse, si los premios arrancados con el último Festival de San Sebastián (ex-aequo para la dupla protagonista) tienen continuidad durante el recorrido de su última tentativa.

En Truman, el director catalán vuelve a hacer valer aquello de que menos es más en esta historia de amistad marcada por la enfermedad. Todo empieza con el personaje de Tomás dejando su domicilio del Canadá para viajar hasta Madrid para encontrarse con Julián, un amigo de la infancia al que hace muchos años que no ve y al que han diagnosticado un cáncer terminal.

Asunto espinoso, propenso a la lágrima y a los lugares comunes, del que Gay se resuelve con su habitual mirada limpia, con ese estilo sobrio, elegante y sútil, que lo ha caracterizado en el mayor grueso de su filmografía. Y ahí sobresale el primer acierto de su nuevo artefacto, transitar por el drama pero sin regocijarse en la tragedia, en la superficie evidente, en lo trillado. Y lo consigue gracias a esa habilidad por dosificar los suspiros y lloros, por contrarrestarlos con notas de ese humor que no busca la empatía “Feelgood” de muchas películas que abordan la enfermedad para resaltar la joy de vivre.  En resumen de capturar esos últimos días de una amistad inquebrantable con el grado de realismo necesario para que el espectador sea vea reflejado en los dos personajes centrales con facilidad.

Rehúsa las subidas de tonos, las situaciones chirriantes, las penurias que se recrean, para hacer brotar la emoción de esta cotidianeidad marcada por la “última vez”. Y el efecto es tan genuinamente auténtico y valioso de nuevo por ese acercamiento detallista y sigiloso –  que como el personaje de Javier Cámara, se mantiene en un segundo plano, respetuoso con el drama interno, cuando la situación lo requiere.

Así la realización sobria, los diálogos que chispean desde un buen guión, y las grandes interpretaciones de Javier Cámara y Ricardo Darín, quienes repiten tras la estupenda Una pistola en cada mano, fortifican a Truman como ese drama adulto y serio con aspiraciones de enternecer, sacar más de una sonrisa, amagar con una lágrima, y probablemente, aspirar a más premios.

6,5

 


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