Crítica

Un lugar tranquilo – John Krasinski

posted by Marc Muñoz 19 abril, 2018 0 comments
Pacto de silencio roto

Un lugar tranquilo

El viernes llega a las pantallas de nuestro país la tercera película de John Krasinski. Y lo hace bendecida por su éxito fulgurante en la taquilla norteamericana. La nueva incursión como director del también actor (The Office) se encuadra en  el cine de terror con tintes de serie B y deudor de la obra capital de H. G. Wells. Aunque lo llamativo de su propuesta es un planteamiento de las reglas del juego inusual que, sin embargo, queda pronto desconfigurado cuando el artefacto se arrima a los derroteros más transitados del género al que pertenece.

Un lugar tranquilo parte de un futuro en que una raza alienígena ha llevado a la humanidad al borde de la extinción. Los humanos supervivientes esquivan la muerte  manteniéndose en un estado de sigilo riguroso dado que la más mínima emisión de ruido alerta a los letales invasores. Una familia con tres hijos intenta sobrevivir en este frágil mundo. Nada especialmente peculiar en su argumento si no fuera porque la concepción de este condiciona la forma de la película, pero la hace de forma limitada, como si Krasinski no se atreviera a llevar su propuesta a la radicalidad que sugiere su premisa de una vida sin sonido.

Y es que esta ausencia de sonido es en realidad una ausencia de diálogo durante parte del metraje – también se las ingenia para dar salida dosificada de la palabra en los refugios sonoros que habilitan con la complicidad de la naturaleza o de materiales que frenan las ondas sonoras- que, la mayoría de las veces, queda cubierta por efectos de sonido o por una banda sonora – compuesta por el muy solvente Marco Beltrami – omnipresente. Flaco favor para que la película logre sonsacar terror y tensión bajo el conflicto de la imposibilidad de emitir ningún sonido, un novedoso e inusual campo de exploración para el terror que queda marchitado. Es ahí donde se descubren las primeras decepciones y su encuadre en una propuesta mayoritaria, especialmente cuando el film busca generar sustos y escalofríos con la subida repentina del volumen y otras artimañas manidas del género.

Sin embargo, una vez aceptado lo maniatado del proyecto, el trayecto se desenvuelve más disfrutable y contundente. Krasinski resuelve con soltura y oficio la tensión que facilita el relato con la vulnerabilidad de esa familia expuesta ante un enemigo letal que determina cambios de costumbre notorios, convirtiendo las situaciones más nimias y cotidianas en momentos de máxima alerta, creando estallidos de angustia y preocupación desde lo más insospechado. De hecho hay un par de secuencias memorables que prolongan esa tensión irrespirable mediante un diseño de guion que trabaja tanto las fases climáticas como las de preparación de esos clímax con situaciones  que anuncian la irrupción de un mal trago inexorable.

Una habilidad en la realización y el diseño del guion que se respira  fuera de la pantalla, con una sala sumida en un silencio que se contagia por orden de las condiciones impuestas por la premisa de la obra, consiguiendo algo que, probablemente no fuera buscado, pero insólito e impensable, como es una sala respetando un silencio sepulcral.

Es una lástima que todas estas bondades no queden apuntaladas firmemente con el montaje, o con estos aspectos primordiales sobre decisiones que afectan a la banda sonora o la no ausencia real de sonido. Un marco que hubiera resultado mucho más sugerente y desafiante, pero no hay que olvidar, que Un lugar tranquilo no es más que un producto de entretenimiento presentado en carcasa de terror, y como tal, cumple con holgura.


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